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Edicion especiales


Historia Espeluznante


Friday, October 26, 2012



 Agencia Reforma
 
Con motivo del Día de Muertos, aparecen narraciones que intrigan a los mexicanos en diversos Estados.

Enrique Lomas

Esta leyenda ha aterrorizado durante años a los taxistas que recorren la ciudad de Chihuahua.

Los taxistas cuentan que por las noches ven vagar a una dama ataviada con un vestido blanco y vaporoso, que se desplaza por las calles y por las vías del ferrocarril, como si buscara algo o a alguien.

Señalan que su primera aparición fue en 1940, cuando la capital de Chihuahua era todavía una población de apenas 80 mil habitantes, en donde el sabor provinciano y la paz eran características de esta urbe.

Dicen que la dama es una figura que por momentos se destaca por su claridad, flotando sobre los rieles del ferrocarril, y por momentos sólo es algo fantasmal que se pierde en la penumbra. Una noche de primavera, Jueves Santo, transitaba un taxi de sitio por la avenida principal, cerca de la media noche, cuando el chofer vio a una mujer muy bien vestida que, parada frente a las vías férreas, hacía señas con un pañuelo en la mano.

La mujer, de edad indefinida, abordó el vehículo sin decir palabra y sobre el asiento trasero se colocó con distinción.

“¿A dónde la llevo señora?”, preguntó el chofer.

“Tengo que cumplir una manda, necesito visitar siete templos”, contestó con voz amable.

El conductor enfiló hacia siete Iglesias y durante las horas de la madrugada se deleito con este rostro distinguido, el cual de vez en vez espiaba por el retrovisor.

Se dice que durante el largo recorrido, la mujer no dejaba de llorar y sus lágrimas conmovieron al chofer, endurecido a fuerza de vivir decenas de historias nocturnas.

Al culminar con la séptima y última visita a los templos, el piloto le preguntó a la dama si no deseaba ir a algún otro lado.

-No, es suficiente. Era una deuda que tenía que saldar, ofrecí hacer la visita de los siete templos si sanaba de una grave enfermedad... por favor, sólo lléveme al panteón.

El fatigado chofer se extrañó ante el destino que le habían pedido, pero se abocó a terminar el viaje.

-Son 50 pesos, señora.

-Le voy a pedir un favor, olvidé el monedero y mañana salgo fuera de la ciudad, vaya a esta dirección y explíquele a quien le abra la puerta el servicio que me ha hecho, ahí le pagarán la cuenta, pero para que el compromiso quede más firme, le dejo este anillo en prenda, entréguelo a quien lo atienda. La mujer bajó del coche, caminó hacia la reja del panteón, la abrió, cruzó el dintel, cerró y se esfumó entre la oscuridad y la bruma.

Al día siguiente, el chofer se presentó al domicilio que la mujer le diera en prenda en un papel amarillento oloroso a nardo.

La casa a la que llamó pertenecía a una rica familia de abolengo, en donde un anciano mayordomo lo atendió en la puerta.



¿Qué se le ofrece?

-Anoche transporté a una dama que me pidió que cobrara la cuenta del viaje, en prenda me dejó este anillo que me pidió que me entregara aquí.

El mayordomo palideció al ver la argolla y en el papel amarillento la caligrafía inconfundible de alguien muy familiar.

El sirviente entró a la casona y enseguida salió con el un hombre joven que con voz agitada preguntó al chofer:

-¿Dónde consiguió la argolla matrimonial de mi madre?

-Ya le expliqué al señor que una mujer me la dio en prenda por la visita que hizo en los siete templos, gracias a mis servicios.

-Pero mi madre murió hace más de un año de un mal incurable.

El taxista se quedó inmóvil por un momento sin decir palabra y finalmente se desplomó en la puerta de la lujosa residencia, víctima de un ataque al corazón.
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