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Edicion especiales


O todos coludos o todos rabones...


Friday, November 9, 2012
 Foto: Agencia Reforma
 
¿Cuándo fue la última vez que lavó los trastes?, ¿que barrió la casa?, ¿que alzó su ropa? ¿Y cuándo fue la última vez que su pareja lo hizo? Si es mujer, es muy probable que haya hecho alguna de esas tareas antes de leer el periódico; y si es hombre, quizá lo hizo la semana pasada o puede ser que nunca lo haya hecho.

Una realidad es que cada vez más, existen parejas que se dividen el trabajo doméstico, pero mantener ese acuerdo es un reto, debido a que existe una inercia por asumir los roles de género practicados aún en la mayoría de las familias, considera Raquel Liberman, terapeuta del Instituto Mexicano de la Pareja (IMP).

“Generalmente, la división de tareas se hace en los primeros momentos en que se vive en pareja, incluso ‘montan’ la casa juntos, pero algo sucede que después se enquistan en los roles, esto puede ser por lealtades familiares inconscientes”, explica la especialista en constelaciones familiares.

“Desde hace varias décadas, las mujeres han aumentado su participación en la vida económica del país de manera constante, sin embargo este hecho no se ha traducido en un incremento equivalente en la proporción de hombres que participan en las tareas del hogar”, refiere el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) en un análisis de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2009.

Si la pareja decide practicar la equidad en casa, una medida para permanecer bajo ese acuerdo y obtener sus beneficios es hacer conciencia de él y revisar cada cierto tiempo que el reparto de tareas siga siendo justo, sugiere Liberman. De no hacerlo, sería esperado que ella se responsabilice cada vez más de más cosas.

“Parece que dentro del hogar la mujer perpetúa su posición desventajosa, a la tercera vez que pide ayuda y no se la dan, ella empieza a hacer todo y no tiene la fuerza para seguir pidiendo o hacer sólo lo que le corresponde”, comenta la terapeuta.



Ventajas

Por insignificante que parezca, saber barrer, trapear, lavar la ropa y los trastes, cocinar o lavar el baño son habilidades que ayudan a las personas a desarrollar un sentido de autocuidado.

Al tener conciencia de esto, la pareja deja de vivir las tareas domésticas como un deber, las realiza sin presión y disfruta más el resultado. Y si éstas se dividen de manera justa, cada miembro de la pareja contará con tiempo para realizar actividades recreativas que también alimentan su bienestar.

Antes de distribuirlo, la pareja debe tener claro qué se considera trabajo doméstico: “limpieza de la vivienda, preparación de alimentos, mantenimiento de la ropa y proporcionar cuidados a las y los integrantes del hogar que requieren apoyo constante, como las y los menores, las personas adultas mayores y las personas enfermas”, define el Inmujeres.

En caso de que haya hijos en casa, integrarlos al rol de asignación de tareas según su edad, les será de gran beneficio en su vida adulta, pues si se llegan a establecer en pareja ya conocerán los beneficios de mantener un hogar limpio y ordenado y sabrán cómo hacerlo.



Horas extra

El Instituto de Investigación Social (IIS) de la Universidad de Michigan realizó un estudio con familias de Estados Unidos y documentó que los esposos generan siete horas de trabajo doméstico extra por semana para las mujeres y que las esposas ahorran a los hombres casi una hora de trabajo doméstico por semana.

“Con el matrimonio todavía ocurre una significativa reasignación de tareas: los hombres tienden a trabajar más afuera de la casa, mientras que las mujeres asumen más de la labor doméstica. Por cierto que hay en esto todo tipo de diferencias individuales, pero en general esto es lo que ocurre después del casamiento. Y la situación empeora para las mujeres cuando tienen hijos”, comenta el economista Frank Stafford en un comunicado de la universidad.

Sin embargo, los investigadores también notaron que en las últimas décadas los hombres sí han aumentado su participación en las labores domésticas, situación que en México se repite, pues según las encuestas nacionales sobre uso de tiempo en 2002, los hombres dedicaban 9:37 horas a la semana a ellas y en 2009, 13:02 horas.



Hecho con amor

Otra labor que suele recaer en las mujeres es el denominado “trabajo emocional”, que consiste en estar atenta a las emociones de los miembros de la familia y hacer lo necesario para que éstos se sientan bien. Un ejemplo: hacer la comida pensando en los gustos de los hijos, o hacer el clásico caldo de pollo para quien enfermó del estómago. Según especialistas, estas acciones, pocas veces valoradas incluso por las propias mujeres, propician un ambiente armónico que contribuye al bienestar familiar.
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