Da América puro amor

Édgar Contreras, Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-El América ya se puso romántico en el Estadio Azteca luego de su tercer victoria consecutiva en casa.

Las Águilas conquistan otra vez a su gente —y con pura goleada—, ahora 4-1 sobre Monarcas, la cual les permitió amanecer como líderes, a la espera del resultado de Pumas.

La noche de ayer en el Coloso de Santa Úrsula se prestó para el romance, porque Matheus Uribe se echó a la gente a la bolsa con su doblete, Cecilio Domínguez enamoró a más de un aficionado con sus regates, Jérémy Ménez salió entre aplausos luego de su primer partido como titular y Oribe Peralta respondió con un gol al cariño de la gente que coreó su nombre, antes de que entrara a la cancha al 76’.

Reza la frase “goles son amores” y en el Azteca es realidad. América le pegó 5-1 a Lobos BUAP en su anterior presentación en casa y ahora destrozó a un equipo de mayor empaque y que pintaba como serio candidato para Liguilla.

Pero desde el 5’ las Águilas impusieron condiciones con el gol de Cecilio Domínguez, quien hizo trizas todo el primer tiempo a su marcador Carlos Guzmán, al grado de que el lateral de Monarcas fue sustituido luego del descanso.

Una distracción en un saque de banda derivó en el empate por parte de Ángel Sepúlveda; el pestañeo de Guido Rodríguez y William da Silva salió caro.

Pero el América tuvo en Matheus Uribe el arma secreta, primero por ese golazo al 23’ con un disparo muy cerca del poste derecho y luego por ese derroche de actitud para robar una pelota al 37’, superar a dos zagueros y vencer una vez más al portero Sebastián Sosa.

Pero no todo fue miel en el Azteca. Mientras Ménez se iba entre aplausos y la afición ya alistaba los gritos pidiendo el ingreso de Oribe, abucheó a Darwin Quintero cada que tocó la pelota; en cada historia de amor, siempre hay un corazón roto.

Después de que Andrés Ibargüen habilitara a Peralta para el cuarto, varias veces los azulcremas buscaron al colombiano para que anotara y así mejorara una relación que nunca ha sido sólida con sus aficionados.

“Así quiero que juegues…”, cantó La Monumental al finalizar el partido. Mientras, los futbolistas acudieron a abrazar a Darwin, el único que no tocó las fibras de ningún aficionado en una noche de mucho romance.