Columna Cultural

Por Beso Mi Tierra

Nora Girón-Dolce

Chapultepec que en lengua Náhuatl quiere decir “Cerro de chapulines” es un bosque encantador que se encuentra en el corazón de la ciudad de México. En sus tiempos, el emperador Moctezuma Ilhuicamina mandó sembrar miles de árboles de ahuehuete en ese lugar, algunos de los cuales aún sobreviven al paso de los siglos. El mismo emperador mandó que le construyeran una enorme piscina de piedra para poder así, bañarse en las cristalinas aguas que brotaban de los manantiales que había en las faldas del cerro. Esos mismos manantiales fueron más adelante, encauzados hacia un acueducto que corría por lo que ahora es la avenida Chapultepec y llegaban hasta una fuente que ahora llamamos “Salto del agua” para surtir de agua fresca a la ciudad.

En el Paseo de la Reforma se encuentra una escultura que representa el topoglifo de Chapultepec.

¿Qué demonios es un topoglifo? Un topoglifo es una representación pictórica de un lugar, una expresión artística muy usada por nuestros abuelos mexicas y que sobrevive en códices y obras de arte. La escultura de mi muy amado cerro de los chapulines, es un grillo de proporciones gigantescas que está posado sobre una montaña y de la base de la montaña surge un manantial.

Una verdadera hermosura para quien lo sepa apreciar. Con cada ida y vuelta que doy a mi país, trato de encontrar maneras de afianzarme a él, de sentir que pertenezco, pero intento, sobre todo no darle paso al olvido de los que vivimos en el exilio. En esa vuelta, le di un beso al chapulín y me supo a todo: a domingos familiares, a manos de niño embarradas de algodón de azúcar y, a tortillas calientitas recién salidas del comal.

¿Cómo no besar mi tierra, si mi tierra por tantos amorosos años, cada vez que pudo, ella me besó a mí?