Andaba toda desvelada cuando comenzó el temblor

Por Sophia Vackimes, Coordinadora de Servicios de Emergencia en Español, Ciudad de Renton

Cuando comenzó el temblor aterrador del 19 Septiembre de 1985, no había yo dormido mucho la noche anterior. Era mucho más joven, y la anoche anterior me había ido a bailar. Parecerá algo extremo, pero sí, el lunes me fui a bailar salsa y por consecuencia andaba trasnochada y con dolor de cabeza. No daré más detalles aquí. Me levanté, comencé a prepararme un café, y de pronto sucedió uno de los desastres más grandes que ha acogido a Latinoamérica. Un terremoto de 8.0 grados o más sacudió la ciudad donde vivía y desató una cadena de réplicas que mantendrían a la ciudadanía aterrorizada por meses, si no años. Recuerdo bien que me arropé y mi amiga Miriam y yo tratamos de salir de nuestro departamento, puesto que las paredes se mecían de manera increíble. No sabíamos si nuestro edificio se caería. Además, teníamos un tanque de agua recién instalado pero que no estaba fijo en el patio de nuestro pequeño departamento. No sabíamos si nos caería esto o lo otro encima. Estábamos asustadísimas. Pasado el temblor pensamos en salir de casa para ver que sucedía fuera de ella. Nuestro intento fue peligroso puesto que los edificios frente a nosotras aún se mecían y sus vidrios y fachadas aún se desprendían y caían a nuestro alrededor. Recuerdo el sonido de vidrio tronando y estrellándose contra el pavimento. Nos vestimos como pudimos, y esperamos un rato hasta que consideramos seguro salir a la calle. Luego, cada una tomó camino para ir a buscar a familiares y amigos afectados.

Lo peor de las horas que siguieron al terremoto fue el saber qué hacer. Caminé algunas calles sin rumbo. Sin embargo, al momento que llegué al primer edificio caído en mi colonia, el cual estaba a unos cien metros de dónde yo vivía, me incorporé al grupo que ya estaba ahí y comencé a hacer lo que los demás: quitamos escombro todo el día. Miles y miles de personas ayudáronse unos a otros por días y días. La reacción pública fue asombrosa.

Hoy, más de treinta años de ese evento, y luego de pasar por otros tantos desastres y emergencias me enteré de que esas estremecedoras experiencias generaron un programa social que hoy se enseña en varias partes del mundo. El terremoto, y las acciones que tomaron los habitantes de la Ciudad de México inspiraron a un grupo de expertos, quienes estaban considerando la respuesta civil a eventos como este, a crear un curso llamado CERT. Este curso por sus siglas en inglés –Community Emergency Response Team— significa equipo comunitario de respuestas a emergencias. Lo inició en Los Angeles, California el asistente al jefe de bomberos de la ciudad llamado Frank Borden. El y su equipo viajaron tanto a Kyoto, Japón y a la Ciudad de México para investigar cómo es que diferentes sociedades responden ante desastres. La respuesta ciudadana a los eventos de la Ciudad de México, les inspiró a crear un programa coherente y multifuncional donde vecinos ayudan a vecinos, puesto que vieron que generalmente personas que no se conocen son las primeras que se ayudan luego de una catástrofe.

Hoy este curso se enseña internacionalmente. En el Estado de Washington son muchas las comunidades donde se imparte. Es un curso de veinticuatro horas dividido en sesiones semanales donde se discuten y demuestran las acciones a tomar cuando hay una calamidad. Los temas que se cubren son: acciones a tomar y detección de peligros, organización y realización de labores de rescate, y mantenimiento de vida. Las clases generalmente se imparten a través de oficinas de respuesta a emergencias, o departamentos de policía o bomberos, pero el énfasis fundamental es que la respuesta es ciudadana, puesto que, como he escrito anteriormente, en caso de una catástrofe lo más seguro es que no habrán suficientes especialistas para acudir a brindarle ayuda a todos aquellos quienes la necesiten: el lema de CERT es “hacer la mayor cantidad de bien posible para la mayor cantidad de gente”. Este curso se imparte de manera gratuita en diferentes comunidades. El asunto es que, en Washington, no se da en nuestro idioma, aunque esperamos que esto se logre en un futuro no muy lejano. Sin embargo, si tenemos la oportunidad de tomarlo en inglés es una experiencia inigualable. Acabo de tomarlo yo, y aprendí muchísimas cosas que me hubieran ayudado a sobrellevar aquellos horribles eventos de mi juventud. Sin embargo, me dio mucho orgullo el saber que nosotros, quienes fuimos gravemente afectados por el terremoto de 1985 inspiramos a la creación de programas como CERT. Estoy segura de que en el futuro le será útil a muchos de nosotros.