(AP Foto/Wilfredo Lee)

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Dioses y Catástrofes

Sophia Vackimes, Coordinadora de Servicios de Emergencia en Español, Ciudad de Renton

Los seres humanos dependemos cien por ciento de la naturaleza. No hay más íntimo que la relación que tenemos con nuestro entorno y sobre todo con el clima. Los eventos que suceden a nuestro alrededor, como lo son inundaciones, erupciones de volcanes, o cambios violentos de la temperatura son recordatorios del poder que tienen los elementos que la conforman sobre nosotros. Diferentes sociedades y culturas les han dado nombres en un esfuerzo por identificarlos, comprenderlos y a veces incluso de controlarlos. Desde que comenzamos a hacer consciencia de estos fenómenos al principio de la cultura les dimos también forma en nuestra imaginación. A lo largo de esa historia han surgido leyendas, cuentos, y mitos por medio de los cuales hemos intentado explicar la relación entre ellos y el ser humano, como se manifiestan, como es que controlan al mundo y la respuesta que los humanos debemos tener ante ellos pues de una relación pacífica depende nuestra supervivencia. Durante el mes de mayo nos enteramos de la erupción del volcán Kilauea en Hawái. Ahora ha comenzado a hacer erupción el Volcán del Fuego en Guatemala. Durante siglos y siglos estos eventos se han interpretado como la reacción del planeta a nuestro maltrato, a nuestra insaciable codicia. ¿Estarían en un error todas las culturas de la antigüedad?

Toda cultura le ha dado nombre a los diferentes fenómenos naturales que le afectan. Por ejemplo, en climas fríos la nieve puede ser descrita, como lo es, en idioma aleutiano (de los grupos inuit y yupik de Alaska), de diferentes maneras. Una es qaniy (nieve que cae), otra aniyu (nieve que ha caído) así como apun (nieve sobre el suelo). Estas son palabras particulares a esa cultura y nos son ajenas puesto que la nieve aquí donde vivimos no es algo con lo que convivimos diariamente. Sin embargo hay otras palabras provenientes de diferentes idiomas de alrededor del mundo las cuales han sido incorporadas a nuestro vocabulario—ya sea inglés o español—y que usamos para nombrar a diferentes fenómenos naturales que sí nos afectan. Es realmente fascinante comprender de dónde vienen.

Una de las palabras que usamos aquí en Washington para describir uno de estos eventos naturales es tsunami. Utilizamos este término tanto en inglés como en español para designar a una ola, ya sea pequeña o de magnitud exagerada, que es generada luego de un terremoto. Esta palabra es de origen japonés y significa la ola que entra en el puerto. En este estado es de importancia no solo conocer qué significa y dónde es que puede ocurrir uno, pero quienes vivimos en el interior del estado y en ciudades como Olympia, y Seattle, no tenemos realmente mucho de que preocuparnos puesto que vivimos alejados del mar y protegidos por montañas.

Otra palabra de gran importancia para todos quienes vivimos cerca de los bellísimos (pero también peligrosos) volcanes del área es sin duda la palabra lahar. Este es un término que proviene de la península de Indonesia en el sureste de Asia. Este término describe una mezcla de agua fría producida por hielo derretido, que carga tierra y lodo, que se desliza súbitamente por la ladera de un volcán. Tiene la apariencia de concreto mojado y se mueve con gran rapidez y lleva consigo muchísima fuerza. Puede incorporar muchísimas cosas a su paso incluyendo animales, rocas, vegetación, puentes, edificios enteros y desgraciadamente seres humanos.

Huracán es otra de estas palabras de origen extranjero que utilizamos en el inglés. Esta palabra comparte su comparte su origen con grupos étnicos maya que habitan desde México hasta América del Sur. El vocablo propiamente proviene del Caribe, y tiene origen taíno, una de las culturas que desaparecieran luego del contacto con los europeos a este continente. Hunraqan, se refiera a un dios de una pierna conocido como U Kúx Kaj, o Corazón del Cielo, tal como descrito en el Popol Vuh, libro sagrado de los Maya-Quiché. Este dios era señor del viento, la tormenta y el fuego y participó con otras deidades en la creación de la humanidad. La palabra nombra a estos monstruos que cargados de agua tibia azotan a las costas del Caribe, el Golfo de México, las costas de Florida (y ahora más al norte) año con año y cada vez con más fuerza. Tornados, antes inexistentes en Washington, pero que ahora se forman en la parte sur del estado más y más a menudo, deben el origen de su término a la palabra tronar, algo que hacen fuertemente los vientos y relámpagos durante las tormentas, aunada a la palabra tornar, que significa dar vueltas y que define su viaje rápido y violento.

La palabra desastre, tiene también su larga historia. Proviene del italiano disastro que significa perder una estrella, (dis-astro), o sea un evento realmente desafortunado. En cuanto que catástrofe viene del griego antiguo y nombra a un mundo vuelto de cabeza o en movimiento violento.