Édgar Contreras
Agencia Reforma
¿Era el Ángel de la Independencia o el Estadio Azteca?
El monumento más emblemático de la Ciudad de México se convirtió en una sucursal de la casa de la Selección Mexicana, ya que ayer cerca de 70 mil aficionados celebraron la clasificación a los Octavos de Final del Mundial.
A la clásica indumentaria del sombrero de charro se unió la cabellera de Memo Ochoa y el “Cielito Lindo” fue entonado con tanto entusiasmo como el “Puuutooo” el nuevo grito de batalla de los mexicanos.
Los fuegos artificiales y las bengalas le agregaron color al ambiente.
Cualquiera que se pareciera a un integrante de la plantilla tricolor era aclamado como si se tratara del original. Así comenzó el “Memo, Memo”, “Giovani, Giovani”, dedicado a Michel Guerrero debido a sus largos rizos y a su amigo camerunés Francis Peujio, quien acudió al Ángel ataviado con la playera del Tri para pagar una apuesta por la derrota de su Selección.
Pero ninguno causó tanto alboroto como el doble de Miguel Herrera.
Al “Piojo 2”, lo besaron, lo fotografiaron, lo abrazaron y hasta lo mantearon. Todos querían tocarlo y él como recompensa, les regaló un efusivo grito de gol que prendió aún más la fiesta.
Él era tan parecido que incluso se expresaba como el original.
“Estoy muy contento, por mí y por todos ellos. La gente está contenta y le doy gracias a Dios porque me parezco a él”, mencionó Gabriel Chapa.
Eso sí, quizá por la emoción o por la zarandeada que le acomodaron, pero él solito se echó de cabeza.
“Gracias a toda la gente que me arropa, y ahora vamos por ¡Honduras!, perdón, perdón, Holanda”, mencionó el “Piojo 2”, al tiempo en que le cargaban más carrilla por el resbalón que seguramente jamás tendría el auténtico.
