Que la tristeza no le afecte

Tania Romero

Agencia Reforma

MÉXICO, DF .- Notarse más apáticos, desinteresados en el estudio o que empiecen a tener conflictos con sus compañeros son cambios en el comportamiento que algunos niños muestran cuando una situación familiar los afecta, comenta Kenia Uribe, psicóloga del área de sicopedagogía de primaria del Colegio Williams.

“Normalmente les es difícil comunicar o expresar lo que sienten, empiezan a mostrarse muy reservados. Esto depende de cada niño y sí repercute en su rendimiento porque, si tienen conflicto con sus compañeros, su calificación de conducta baja, o si no están atentos a la clase, no traen tareas”, explica.

El divorcio de los papás o la muerte de un familiar cercano son algunas de las situaciones más recurrentes que provocan estos cambios. “A veces llegan a la escuela angustiados, no quieren separarse de los papás”, menciona.

“Otro síntoma es que muestran retrocesos en su proceso de aprendizaje, a lo mejor un niño de primer año que ya estaba escribiendo regresa a que se le dificulta el trazo de las letras o las invierte”.

Estos cambios, aclara, suelen ser temporales, y con apoyo de los padres, maestros y especialistas, pueden retomar sus actividades.

Gabriela Esponda, psicóloga especialista en terapia familiar, explica que la mayoría de niños sufren profundamente el divorcio de sus padres porque pierden su rutina y la estabilidad. “El divorcio lleva a que se rompa la estabilidad y también las tradiciones familiares, como el Día de la Madre o el Padre, eventos importantes porque les generan raíces y sentimientos de pertenencia a la familia”, indica. “Entonces el niño empieza a preocuparse y preguntarse: ‘Si mis papás ya no se quieren, ¿me van a seguir queriendo?’, ‘¿Quien me va a cuidar?’”.

Advierte que algunos pequeños disfrazan su enojo, pero si no se aborda adecuadamente, puede traer repercusiones posteriores. “Se hacen sumisos, callados, para no causar problemas, son los niños que ‘llevan la música por dentro’ y en su adolescencia sacan esas cosas”, sostiene.

¿Qué hacer?

• Evitar cambios en la rutina de los niños.

“Muchos papás se divorcian, se mudan y cambian a los hijos de escuela. Sin embargo, lo ideal es cuando menos en un año, que no haya cambios, que no dejen las clases de natación, de karate”.

•Negociar las calificaciones.

“Cuando estás triste no puedes concentrarte. Por ello, exigirle buenas calificaciones es un poco injusto, pero tampoco puedes dejar que se vaya en picada y empiece a reprobar el año. Tendría que haber una negociación, ‘no te pido 9.0, pero por favor 7.0, mínimo 6.0”.

•Enseñales a hablar de sus emociones.

“Pueden ayudarlos con metáforas como, ¿lo que sientes se parece a cuando te caíste y te pegaste en la cabeza?”.

•Algo fundamental, aconseja, es que los papás recurran a terapia.

La separación o la muerte de un ser querido implica cambios importantes en sus vidas, procesos que deben sanar para estar listos, nuevamente, para cuidar y educar a sus hijos.

Kenia Uribe sugiere notificar a la escuela cuando están viviendo algún conflicto familiar, para que los profesores y psicólogos estén atentos a cualquier cambio en su comportamiento. “Es importante que le den tiempo al niño, porque a veces los papás están angustiados por la situación e intentan resolverla de muchas maneras, a veces erróneas, como consentirlos. Y, sin notarlo, no le permiten que fluya el proceso”.