Relfexiones
La Raza del Noroeste
En este país tenemos libertad de expresión.
Pero la verdad es que no tenemos libertad de las consecuencias de expresar esa opinión.
Después de realizar la jugada que llevó a Seattle al Súper Tazón, Richard Sherman dijo que era el mejor e insultó a su rival. Lo que ocasionó fue que muchas personas lo empezaran a insultar con frases racistas. Otros lo llamaron un mal jugador y pandillero.
Otros lo defendieron, pero Sherman es un ejemplo más de que en este mundo donde todos tienen oportunidad para expresarse, todos tiene oportunidad de vengarse si no te gustó la opinión.
En otras palabras, hay menos tolerancia cuando alguien expresa una idea contraria a tí.
Esto es lo que llamamos “cyber bullying”, que se puede traducir como hostigamiento cibernético.
Y esto pasa muy a menudo. Frecuentemente veo videos de personas llamando a que se haga boicot a una compañía o a una persona por una opinión que tuvo o por sus creencias y preferencias sexuales. Y a veces, se les da la razón a los culpables porque la víctima es homofóbica o racista. Ya lo dijo el Presidente mexicano Benito Juárez: “el derecho al respeto ajeno es la paz.”
En este caso, hay que respetar la opinión de los demás. Aunque no nos guste.
Podemos debatirlo y tratar de persuadirlo a nuestra opinión. Pero no tenemos derecho a humillarlo en público o llamar a una cacería para arruinar su carrera.
Y al otro lado de la moneda, debemos de tener cuidado de lo que decimos. Porque aunque las compañías donde trabajamos no tienen derecho a reprimir nuestra voz, ellos si tienen derecho a despedirnos si creen que nuestra opinión puede dañar su negocio. En realidad, si afecta cuando cientos de personas los llaman diciendo que no van a comprar su producto si esa persona sigue trabajando ahí.
Y eso ha pasado en varios niveles de personas quejándose de sexismo hasta comediantes haciendo chistes de tragedias humanas.
Estamos en un mundo donde comunicarse es muy fácil. Y en este mundo nos damos cuenta que no todos pensamos igual. Eso es bueno, pero no hemos aprendido a respetarnos todavía.
