Karla Barba Corzas
Agencia Reforma
Obtener buenas calificaciones depende de diversos factores, como las capacidades de cada individuo, el tiempo que se le dedique al estudio e, incluso, la forma en que se imparte la clase.
Úrsula Palomar, psicóloga y docente de la Universidad La Salle, indica que estos aspectos deben ser observados por los padres para advertir los efectos positivos y negativos en el desarrollo educativo de los estudiantes y, en consecuencia, considerar la posibilidad de reforzarlo con diversos estímulos.
Las recompensas y castigos, agrega, son modelos de modificación conductual, los cuales deben ser nombrados como consecuencias positivas y negativas, para evitar una connotación impositiva en los chicos.
“Es una forma en que ellos pueden entender fácilmente que a toda acción corresponde una reacción. Desde ahí podemos definir que una recompensa o consecuencia positiva es todo aquello donde el hijo reciba algo benéfico por realizar correctamente un comportamiento, y esto lo va a ayudar a aumentar la frecuencia de esa conducta”, explica.
También resalta la importancia de que los papás se pongan de acuerdo en cómo se afrontarán dichas consecuencias positivas o negativas.
“Los padres deben conocer las capacidades y habilidades de sus hijos y ayudarles a fomentarlas; no podemos esperar resultados de algo que no hemos enseñado. Si no se les enseña a tener buenos hábitos de estudio no podemos exigir un 10”, aclara.
Para el pedagogo Luis Palencia el uso de los premios y castigos es pertinente, oportuno y necesario, pero es importante que no se genere un abuso de éstos durante la etapa educativa.
“Se debe lograr un equilibrio entre el uso de los premios y castigos en relación con la edad y la reflexión que alcanzan los hijos, para que no necesiten reforzadores externos de sus acciones, sino que sean motivados por sí mismos, que realicen con responsabilidad y gusto las acciones que los llevarán a demostrar lo aprendido en una evaluación”, menciona.
El titular del Departamento de Psicopedagogía de la Preparatoria del Colegio Williams clasifica las recompensas en tres tipos: afectivas, materiales y de autonomía, ejemplos de estas últimas son salir con los amigos, elegir una actividad extracurricular o conceder permisos.
Estos premios se darán dependiendo de las necesidades que los padres observen en sus hijos.
“Las recompensas y los castigos deben ser previstos, es decir, advertirle a los estudiantes la realidad de cómo les afectarán las calificaciones en su desarrollo (…) Por otro lado, es muy importante que ningún castigo le reste dignidad a los hijos y, mucho menos, atente contra sus derechos humanos”, comenta.
Finalmente, Teresa Schäfler, directora del Centro Escolar Morelos, asegura que si los padres dedican de siete a ocho horas a la semana para convivir con sus hijos, ellos podrán desarrollar las habilidades necesarias para un desempeño adecuado en la escuela.
