Jorge Alberto García
Agencia Reforma
MONTERREY, NL .- Más que funcionar de forma aislada, las múltiples causas de esta epidemia crean en conjunto un ambiente propicio que incide en el aumento de peso de un alto porcentaje de mexicanos.
Una de las más importantes es la alimentación, ya que indiscutiblemente, en los últimos años la calidad de la comida se ha deteriorado, mientras que las cantidades de las porciones han aumentado.
El consumo de comida rápida, como hamburguesas, pizzas y hot dogs, todos con altas concentraciones de calorías, carbohidratos, sodio y grasas saturadas, se ha elevado, dice el endocrinólogo pediatra Óscar Flores Caloca.
“Por comodidad es más fácil para los papás que viven a contrarreloj ir con su hijos a comer fuera o comprar por el autoservicio. El ritmo acelerado de la vida hace difícil que vayan a sus casas a preparar de comer”, subraya.
Por su parte, Gabriela Morales, endocrinóloga especialista en obesidad, remarca que no sólo ha aumentado la disponibilidad de estos alimentos, sino también el tamaño de las porciones.
“Ahora te venden pensando que, mientras más grande, todo es mejor, los platos que nos servimos son mucho más abundantes y todo son calorías adicionales”, advierte.
Para Janett Riega, coordinadora de la Clínica de Sobrepeso y Obesidad del Hospital Universitario, la experiencia de comer una hamburguesa ya no es como la que era hasta hace unas décadas.
“Una unidad puede tener desde mil y hasta 2 mil calorías: ahora te manejan la opción de ponerle doble carne y la cebolla viene empanizada y además a eso le tienes que sumar las papas y el refresco refill”.
Riega aclara que no se trata de eliminar por completo de la dieta una hamburguesa, pero lo ideal es que se consuma menos frecuentemente y que contenga ingredientes más saludables y no procesados.
“Otros factor son los refrescos de cola, que contienen de 12 a 16 cucharadas de azúcar. Hay personas que pueden tomarse hasta cinco al día, esto quiere decir que están ingiriendo una cantidad inmensa de glucosa.
Por su parte, Flores Caloca añade que estas bebidas, junto con los jugos procesados, no deberían ser consumidos, porque además de no disminuir la sed, descalcifican los huesos y arruinan las piezas dentales.
La popularización masiva de dispositivos electrónicos, como la televisión, videojuegos, computadoras y iPads han sido determinantes para fomentar el sedentarismo, tanto en casa como en el ámbito laboral.
Y si a eso se suma el tráfico vehicular y la inseguridad que se vive, esto ha provocado que las personas ya no se mueven como antes, incluidos los niños, menciona.
Niños:
Los más afectados
“Antes de decir mamá o papá, ahora la primer palabra que dicen los niños es ‘coca’”, comenta Janett Riega Torres, coordinadora de la Clínica de Sobrepeso y Obesidad del Hospital Universitario.
La reumatóloga y médico internista añade que observar en los consultorios médicos a niños tomando refrescos embotellados en sus biberones ya es una imagen urbana muy común.
“Si a esas edades ya está tomando eso, a los cinco años ese niño va a ser obeso, porque lo único que come es comida chatarra, fritos, harinas refinadas o nuggets”, lamenta.
Óscar Flores Caloca concuerda y añade que no es exagerado afirmar que muchos de los niños de las nuevas generaciones no sobrevivan a sus padres por todos los padecimientos relacionados.
El endocrinólogo pediatra menciona que en los últimos 10 años prácticamente se han triplicado los índices de sobrepeso y obesidad, ubicándose el norte de México en el primer lugar a nivel pediátrico infantil.
“Esto está presente en todas las edades: desde la lactancia, pasando por los preescolares hasta llegar a los adolescentes y es una carga que mantendrán muy probablemente el resto de su vida”, advierte.
La ENSANUT 2012 señala que el 26.6 y el 20.8 por ciento de los niños presenta obesidad y sobrepeso, respectivamente. En niñas, las cifras son similares.
Los preescolares tienen un 40 por ciento de riesgo de seguir obesos hasta la adultez; los niños de 6 a 11 años, un 60 por ciento, y los adolescentes, de un 80 a 90 por ciento, precisa Flores Caloca.
“Como es muy seguro que su obesidad vaya a persistir, todo lo que se haga o no se haga en la edad pediátrica repercutirá fuertemente en su vida adulta”, sentencia.
“Ahorita también se dice que la obesidad es contagiosa, que si un niño es ‘rellenito’ y se junta con un delgado, es más fácil que el segundo adopte las conductas del primero”, advierte el endocrinólogo pediatra.
El proceso de activar físicamente al niño con sobrepeso debe ser gradual. Hacer una fuerte cantidad de ejercicio aeróbico el primer día lo va a terminar desanimando a la larga, dice.
Volver a
las raíces
alimenticias
Simon Barquera, director de investigación en políticas y programas de nutrición en el Instituto Nacional de Salud Publica, afirma que la obesidad sigue siendo común en las personas de estratos socioeconómicos altos.
“Todavía no estamos como país desarrollado donde los pobres son más obesos, la gente que tiene más recursos sigue siéndolo más, aunque los pobres ya están empezando a presentar tasas de obesidad”, dice.
En los últimos años esta relación se ido invirtiendo y es fácil advertirlo a la hora de la consulta. menciona por su parte el endocrinólogo pediatra Óscar Flores Caloca.
“Ahora vemos en los estratos socioeconómicos altos, trastornos alimenticios como anorexia y bulimia, pero una mayor actividad física y en los estratos bajos tenemos sobrepeso y obesidad y una menor actividad”, señala.
Que un pan dulce sea más barato que una fruta en una tienda de autoservicio es otro factor importante, señala por su parte Janett Riega, coordinadora de la Clínica de Sobrepeso y Obesidad del Hospital Universitario.
