Esther Cepeda
Columnista
CHICAGO — Han pasado sólo siete meses desde que los republicanos presentaron un manifiesto, haciendo un llamamiento al partido para que ajustara su tono con los electores pertenecientes a minorías. Hasta ahora, ha habido poco progreso al respecto. Pero yo no descartaría al Partido Republicano todavía.
Sin duda, los republicanos no han hecho un buen trabajo para impedir que los fanáticos de su partido arrastren su reputación en el lodo -vienen a la mente las atroces acusaciones de tráfico de drogas contra inmigrantes habilitados para ampararse bajo la Ley DREAM.
Y la brecha entre la manera de pensar del republicano medio y la de los hispanos se está agrandando en el asunto más delicado -la inmigración.
A medida que la economía se recupera lentamente, los hispanos, de los cuales casi la tercera parte creía, sólo en 2010, que la inmigración ilegal tenía un efecto negativo sobre los latinos de Estados Unidos, ahora sienten menos animosidad en ese tema, según un Proyecto de Tendencias Hispanas, de Pew Research. Cifras recientes muestran que el 45 por ciento de los hispanos adultos dice que el impacto de la inmigración no-autorizada sobre los hispanos que ya viven en Estados Unidos es positivo, lo que equivale a un 16 por ciento más que en 2010. Después están los tan publicitados números sobre las percepciones partidarias de los hispanos. La encuesta de 2013 sobre Valores Hispanos, realizada por el Public Religion Research Institute, dice que sólo el 12 por ciento de los hispanos cree que la frase “le importa la gente como usted” describe mejor al Partido Republicano, mientras un 43 por ciento cree que describe mejor al Partido Demócrata.
En Chicago, la Campaña para la Moratoria de las Deportaciones (MDC, por sus siglas en inglés), una coalición de organizaciones comunitarias de base, ha atacado a los representantes nacionales de facto de los inmigrantes -las grandes organizaciones de incidencia apoyadas por los demócratas, que obtienen la mayor parte del dinero y toda la atención en el debate- expresando que no representan adecuadamente el consenso actual sobre las medidas de la reforma para la misma gente que se vería más afectada por todo cambio en la ley.
Los republicanos quizás no sean tan cálidos ni amistosos como los demócratas, pero por lo menos, no están utilizando, cínicamente, un asunto caro a los hispanos como un ariete para socavar a sus adversarios políticos.
José Herrera, activista con sede en Chicago y miembro del MDC, me dijo que la gente con la que habla en la comunidad está harta de que los demócratas le mientan y de sus promesas vacías en cuanto a la inmigración -una preocupación que he oído de otras organizaciones inmigrantes de incidencia en todo el país. Herrera dice que los grupos pequeños de activistas tienen una “nueva perspectiva cautelosa y crítica sobre quiénes son nuestros aliados, y [nuestras alianzas] descansarán con los que estén dispuestos a decir la verdad.”
El presidente Obama sigue culpando a los republicanos de no producir la reforma migratoria. Pero cuando el simbólico 2 millonésimo inmigrante no-autorizado sea deportado por el gobierno de Obama, uno deberá preguntarse si el partido que sigue prometiendo a los latinos tantas cosas que no cumple en lo relativo a su promesa No.1 de la campaña, es realmente mejor que un partido que es tan honesto sobre su posición respecto a la inmigración como lo es con respecto a su deseo de cortejar a los hispanos que realmente votan.
Cuenten a esos electores hispanos que lo pensarán dos veces antes de emitir su voto para los demócratas, si la reforma migratoria falla, y agréguenlos al 15 por ciento de los encuestados por Valores Hispanos que dijo identificarse como republicano, y el 24 por ciento que se considera independiente políticamente.
