Los motivos de la revuelta

Agencia Reforma

Encabezada por una clase con poderío económico, cuyo líder era Francisco I. Madero, la Revolución Mexicana inicia el 20 de noviembre de 1910.

Una vez que el recurso de la lucha parlamentaria fracasó, por la cerrazón del régimen de Porfirio Díaz, quien se había reelegido como Presidente una y otra vez, se formó el conflicto armado.

La dictadura del general no había sido del todo vana, pues a él se le atribuye la articulación de la economía nacional en el mercado mundial y una estabilidad política y económica en el país. El problema fue que, en el renglón político, no hubo tal modernización y eso terminó por hartar a las nuevas clases sociales.

Abrumado también por las tensas relaciones que sostenía con Estados Unidos, Díaz no soportó la presión y dejó el poder. Esa fue la primera de las fases, en la que por cierto no se perdieron tantas vidas, de la Revolución, secundada por el paso fugaz de Madero por la silla presidencial antes de ser asesinado por órdenes de Victoriano Huerta.

A partir de este episodio, la Revolución Mexicana adoptó un tinte social en el que intervinieron líderes como Francisco Villa y Emiliano Zapata, ambos con proyectos de nación que contrastaban con los que antes se habían propuesto.

Las demandas de “Tierra y Libertad” y la lucha por hacer válido el lema de “La tierra es para quien la trabaja” no se concretó hasta 1920, con la llegada de Alvaro Obregón al poder.

A partir de entonces, la tierra se comenzó a repartir, pero no fue hasta una década más tarde, con Lázaro Cárdenas, cuando se llevó a cabo la Reforma Agraria. Fue una guerra que se calcula, quizá arbitrariamente, llevó a más de un millón de personas a la tumba. Este dato llegó al comprar los respectivos censos de 1910 y 1920, que demostraron que la población había disminuido en ese número, aunque también cabe considerar la huida en masa de muchos mexicanos al extranjero.

El movimiento armado termina hacia 1920 y a partir de entonces comienza un periodo de estabilidad y reconstrucción nacional y, aunque los levantamientos no murieron del todo, fueron más controlados. La década siguiente trajo el fortalecimiento de la figura del caudillo, pero después la Revolución Mexicana dio un giro hacia la institucionalización.

Fuente: José Reséndiz, maestro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.