Esther Cepeda
Columnista
Permítanme disculparme por el lenguaje que voy a utilizar en esta columna. No todos los días estoy tan convencida de algo como para usar tantas palabras controvertidas con la posibilidad de ofender.
Aquí van: dinosaurios, pepperoni y, agárrense fuerte – ¡cumpleaños!
¿Confundidos? Bueno, gracias a Dios, entonces. Eso significa que nuestra religión nacional de facto —la corrección política— todavía no los ha vuelto tan ultra sensibles como a los funcionarios de las escuelas públicas de la Ciudad de Nueva York.
Según el New York Post, en las escuelas de la Gran Manzana hay una lista de temas inabordables, en un pedido de propuestas para empresas que compiten en actualizar los exámenes de Inglés, Matemáticas, Estudios Sociales y Ciencias, utilizados para medir el progreso académico de los estudiantes. Esos temas “no son apropiados para la evaluación a llevarse a cabo en una ciudad o en todo el estado”, advertían las directrices, señalando que la inclusión de esos términos, “probablemente haría que la selección se considerara inaceptable” por su potencial de “evocar emociones desagradables en los estudiantes”.
Entre los temas se encontraban los anteriormente mencionados dinosaurios, pepperoni, cumpleaños (debido a que cada uno de estos conceptos no son observados en ciertas religiones) mas otros tales como computadoras en la casa (aunque si podían utilizarse las computadoras en la escuela o en la biblioteca, presuntamente porque no evocan emociones causadas por la “división digital” y los bailes (otra referencia que podría chocar con una creencia religiosa, aunque la mención de ballet es aceptable).
La caza, las películas, la comida basura, los hogares, las piscinas, la evolución, la música de rock and roll y la televisión también formaron parte de la lista. Están junto al tipo de temas que realmente le hacen a uno pensar, porque su inclusión en las directrices formales de la propuesta implica la creencia de que los profesionales que se dedican a la creación de evaluaciones no tienen el tino de evitar asuntos tales como la pornografía, el alcohol y las drogas, los cigarrillos o las ciencias ocultas.
Estas listas existen porque nadie puede correr el riesgo de que el sentido común de lo que es apropiado para cada edad prevalecerá en cualquier escenario, y mucho menos en el ámbito educativo.
¿Quién puede culpar a los administradores escolares de errar por ser demasiado precavidos cuando, solo el año pasado, hubo unas pocas denuncias de que los estudiantes habían sido sometidos a tareas insultantes? Entre ellas: problemas de Matemáticas que utilizan referencias inapropiadas a palizas de esclavos y una pregunta sobre cómo trata Estados Unidos a los inmigrantes ilegales, que incluía las inapropiadas opciones de “los mata” y “los lanza al espacio sideral”.
Francamente, me sorprende que el tema de la raza y la inmigración no estuvieran incluidos en la lista prohibida de la Ciudad de Nueva York, que consta de otros temas importantes pero difíciles de manejar tales como el cáncer, la criminalidad, la muerte, el divorcio, los sin-techo, el desempleo, la pobreza, la esclavitud, el terrorismo y la violencia.
Todos esos son temas difíciles de abordar, incluso en el contexto adecuado, y su exclusión de un examen estandarizado implica que están prohibidos durante la enseñanza habitual. Dado que muchos estudiantes conocen por lo menos algunos de esos temas íntimamente, parece particularmente cruel simplemente evitarlos y esperar no herir los sentimientos de nadie.
Pero no crean que estoy echando la culpa a los maestros, administradores o sistemas escolares —tienen motivos para sentirse aterrorizados de ofender las frágiles sensibilidades de los adultos en las vidas de sus estudiantes. Aunque los casos en que los estudiantes se ven expuestos a material realmente ofensivo son raros, los titulares que esos incidentes producen tienen un impacto desmesurado en la percepción de la gente sobre lo que puede andar mal en un clase. No se puede culpar al personal escolar por tratar de anticipar situaciones arriesgadas.
Me imagino que los líderes escolares están trabajando meramente bajo el entendimiento de que nuestra sociedad ahora emplea sólo dos modalidades de comunicación: “mis creencias son mis creencias y al que no le gusta, que se aguante” y “si no se habla de algo entonces todos podemos fingir que eso no existe, pero si se menciona, considérenme profundamente ofendido y exijo que se disculpen ante mí”. Diría que los padres-helicóptero pueden encontrarse en cualquiera de esa dos categorías.
Que lástima dan los niños que viven en un mundo donde los adultos que figuran en sus vidas tratan de protegerlos de temas tales como Halloween, la música rap, o las armas nucleares (también parte de la lista) en un examen escrito, pero que hacen poco para prepararlos a enfrentar esos hechos cotidianos en su vida real. No se sorprendan si esos niños terminan estando tan poco preparados como sus protectores para madurar y comportarse como adultos.
