Esther Cepeda
Columnista
“Pedid y recibiréis” se ha convertido en nuestro mantra en una sociedad donde para mucho de nosotros, pedir lo que queremos o necesitamos es un acto reflejo.
Sin embargo, para los que han sido inculcados con el reconfortante dicho de que “no hay tal cosa como una pregunta estúpida”, los resultados de un reciente estudio realizado por Jessica McCrory Calarco, socióloga de la Universidad de Pennsylvania, serán sin duda una sorpresa:
Los estudiantes de bajos ingresos de las escuelas públicas de la nación no saben cómo pedir ayuda.
Sobre la base de observaciones a largo plazo de estudiantes de tercer a quinto grado, en una escuela elemental pública socieconómicamente diversa, el estudio, publicado en el número de la American Sociological Review de diciembre de 2011, halló que los alumnos de clase media piden ayuda a sus maestros más a menudo y con más firmeza que los estudiantes de la clase obrera y, al hacerlo, reciben más apoyo y asistencia de sus maestros.
Los niños de clase media fueron también más activos y seguros de sí mismos al acercarse a los maestros con preguntas y pedidos, a veces interrumpiendo la clase.
Los niños de la clase obrera pocas veces buscaron esa ayuda y a menudo sólo lo hicieron como último recurso, de manera menos explícita, desde su posición en un grupo o sentados calladamente con la mano levantada.
La autora encontró que a diferencia de los padres de la clase obrera, los padres de clase media alentaron explícitamente a sus hijos a sentirse cómodos pidiendo ayuda a sus maestros y les enseñaron el lenguaje y las estrategias para obtener apoyo.
Es decir, cada grupo de padres pasó su propia manera de pedir ayuda a sus hijos.
Lamentablemente, al desconocer esta diferencia esencial en la firmeza personal de los estudiantes, los educadores, gobernantes y observadores de buenas intenciones, que normalmente no interactúan con gente de la clase obrera, se basan en sus propias creencias para determinar la manera en que los estudiantes motivados actúan.
Y así es como nunca comprenden totalmente lo que nuestra actual y futura generación de estudiantes diversos necesita para triunfar.
Recientemente Gene Marks, colaborador de la revista Forbes, escribió una columna que fue ampliamente censurada titulada “Si yo fuera un niño negro pobre”.
ofreciendo una lista de herramientas de aprendizaje gratis disponibles en Internet y oportunidades de becas para minorías que él aprovecharía si tuviera que vivir en la pobreza.
Su teoría era que trabajando arduamente, con herramientas gratis y con oportunidades creadas para alumnos carenciados, hasta los más pobres pueden salir adelante sin ayuda de nadie. Marks no reconoció que los jóvenes de bajos recursos a menudo no tienen ni idea de la existencia de esos recursos y oportunidades, y no saben a quién ni cómo pedir ayuda.
“El privilegio tiene esta manera realmente interesante de cegar a la gente en cuanto a las experiencias diferentes de las propias, y hay que considerar el impacto de eso en nuestras escuelas públicas”, expresó Christopher Emdin, profesor y director de iniciativas para la escuela secundaria del Urban Science Education Center en Nueva York.
Los expertos que trabajan para mejorar los resultados educativos de los estudiantes de bajos recursos y de minorías a menudo recurren a innovaciones en los programas y en la tecnología para cerrar estas brechas.
Quizás se lograran mayores avances entrenando a los educadores en las diferentes maneras de interesar a los alumnos de bajos recursos, y a los estudiantes en cómo pedir ayuda.
