Israel Rivera
Agencia Reforma
Através del juego y la imaginación, estos “amigos” fomentan en los niños la creatividad, el desarrollo cognitivo y del lenguaje, así como la habilidad para desarrollar actividades y entretenerse de manera solitaria, porque funcionan como un ensayo para las futuras amistades.
Los amigos invisibles aparecen a menudo en la edad preescolar, entre los 3 y 7 años; sin embargo, no todos los niños los tienen, explica Andrómeda Valencia, jefa del Centro de Servicios Psicológicos Dr. Guillermo Dávila de la Facultad de Psicología de la UNAM.
Algunas veces surgen como respuesta o estrategia ante un momento de estrés, como el divorcio de los padres, la muerte de un ser querido o el cambio de casa, lo cual ayuda a amortiguar el impacto de esta situación.
Sucede en niños y niñas por igual, su duración es muy variable, depende de cada niño, y ocurre tanto en hijos únicos como en niños que tienen hermanos, señala la doctora en Psicología de la Salud.
“Los amigos imaginarios se identifican como un proceso que forma parte del desarrollo normal de los niños, no es una enfermedad, no es motivo de consulta y no hay por qué asustarse, pues de forma natural los niños dejan de utilizarlos para socializar con sus amigos de la escuela”, dice.
En lugar de preocuparse hay que valorar los rasgos positivos que brindan estos compañeritos intangibles, como el ayudar a los niños a intercambiar roles, ya que son capaces de representar dos o tres papeles al mismo tiempo.
“Con los amigos imaginarios practican el desarrollo de habilidades sociales, porque crean diálogos y esto les ayuda a decidir qué van a decir, qué van a contestar y a esperan el turno para hablar”, explica la catedrática de la UNAM.
Atento a sus emociones asimismo, a través de los amigos imaginarios los niños expresan sus sentimientos y emociones, que de otra manera quedarían reprimidos, indica Blanca Venegas, psicoterapeuta infantil de El Triángulo, Centro de Estimulación Temprana y Desarrollo Integral.
“A esa edad, los niños poseen pocas herramientas para expresar sus necesidades y deseos o hablar sobre las cosas que les molestan o asustan y los amigos imaginarios ayudan a esto, porque prestan su voz para que los niños puedan comunicarse”, comenta la especialista.
Un amigo imaginario tiene un nombre y una personalidad definida, y el niño lo utiliza muchas veces como escudo para no ser culpado o regañado por alguna travesura o actitud no tolerada por los padres.
Un aspecto a tomar en cuenta es no fomentar la existencia de los amigos imaginarios, puesto que los niños suelen sentarlos a la mesa o invitarlos a dormir; en estos casos lo recomendable es no prestarle demasiada importancia al amigo y siempre hablarle directamente al niño.
Pero ante todo es de suma importancia no ridiculizar la fantasía con frases como “ese amigo no existe” o “ese amigo es una tontería”, eso sólo provocará que el niño se sienta herido y en lugar de olvidarlo lo ocultará de sus padres, asevera Venegas, también maestra en Psicoterapia Psicoanalítica.
Si después de los 9 o 10 años el niño prefiere jugar con su amigo imaginario en lugar de hacerlo con otros niños o si se torna agresivo o le impide realizar tareas cotidianas es momento de acudir con un especialista, recomiendan ambas psicoterapeutas.
