Jorge Ramos
Columnista
Estados Unidos, a lo largo de su historia, ha sido sumamente generoso con los inmigrantes. Desde luego, han existido momentos en que esta nacion ha rechazado y discriminado a extranjeros de Alemania, China, Japón, Irlanda y América Latina, entre muchos otros. Pero, al final de cuentas, siempre rectifica y vuelve a abrir sus puertas a los inmigrantes. Ese es el lado correcto de la historia.
“Nuestra política migratoria debe ser generosa; debe ser justa; debe ser flexible”, escribió el futuro presidente John F. Kennedy en 1958 para su libro “Una nación de inmigrantes,” publicado en 1964. “Con una política así, podemos mirar al mundo y a nuestro propio pasado con las manos y la conciencia limpias.”
Ese ideal de Kennedy es muy distinto a lo que estamos viviendo actualmente. Nunca, desde que llegue a Estados Unidos en 1983, había visto y sentido un ambiente tan hostil en contra de los inmigrantes.
Unos los atacan y otros los deportan. Como evidencia, basta ver a Alabama y Arizona, donde los inmigrantes indocumentados son perseguidos y encarcelados, en ocasiones por las mas pequeñas infracciones de transito. Ninguno de los candidatos republicanos a la presidencia apoya la legalizacion de 11 millones de indocumentados. Algunos, incluso, los quisieran regresar a sus países de origen (aunque nunca explican como).
El presidente Barack Obama no cumplió su promesa de presentar una propuesta migratoria en el congreso durante su primer ano de gobierno y, ademas, ha deportado a mas de un millón de indocumentados desde que tomo el poder, separando a miles de familias. El 45 por ciento de los deportados no tenia ningún tipo de antecedente criminal.
¿Por que esta pasando esto? Ciertamente, un factor es la crisis económica y el hecho de que muchos estadounidenses culpan injustamente a los inmigrantes indocumentados por la mala situación del pais. Algunos políticos se han dado cuenta de que pueden obtener poder al explotar la extendida sospecha de que los inmigrantes despojan de empleos a los ciudadanos y vacían los cofres gubernamentales.
Atacar a los indocumentados, que a nadie tienen que represente sus intereses, puede darles el impulso necesario para ganar las elecciones.
Lo que es mas, no son suficientes los latinos en Estados Unidos dispuestos a votar por candidatos que en verdad comprendan a la comunidad hispanica y sean capaces de defenderla de ataques injustos.
Pero, al final, estoy convencido, Estados Unidos hará lo correcto. Ronald Reagan lo hizo. Hace 25 anos firmo la ley de Reforma y Control de la Inmigración que le dio amnistía a 2.7 millones de inmigrantes.
Me llaman tanto la atención los republicanos que dicen defender el legado de Reagan pero que no se atreven a votar en el congreso por una ley que saque de la oscuridad a millones.
La mayoría de los estadounidenses tiene una actitud generosa con los indocumentados. Una reciente encuesta realizada por Univision y por Latino Decisiones encontró que el 58 por ciento de los norteamericanos favorece la idea de convertir en ciudadanos de Estados Unidos a los indocumentados que no hayan cometido crímenes, que paguen impuestos y hablen ingles. (Entre los latinos el apoyo a esa idea es del 67 por ciento.)
Atacar a los indocumentados ya esta teniendo sus consecuencias. Jueces han bloqueado las partes mas dañinas de la leyes antiinmigrantes de Alabama y Arizona. De hecho, el creador de la ley SB-1070 de Arizona, el líder del senado estatal Russell Pearce, acaba de perder su puesto en una elección revocatoria.
Si los republicanos quieren ganar la Casa Blanca, van a tener que moderar sus ataques a los indocumentados y proponer algún tipo de plan para que puedan quedarse legalmente en el país.
Eso es lo que quiere la mayoría de los norteamericanos, según nuestra encuesta. Si no lo hacen, será politicamente imposible para los republicanos conseguir mas de la tercera parte del voto latino y, por lo tanto, perderán una vez mas la presidencia.
