Reflexiones
La Raza del Noroeste
Uno de los temas interesantes para este, su periódico, que tratar de informar nuestra comunidad hispana local, es el de preguntarse qué es importante y que no, para nuestros lectores.
La historia de primera plana esta semana presenta en algo nuestra respuesta, a lo que creemos puede ser relevante para nuestros lectores.
Amanda Knox no es una chica hispana, posiblemente no tenga contacto directo con nuestra comunidad.
Pero es una niña de Seattle, que va a la Universidad de Washington, como es la realidad o el sueño de varios de nuestros hijos; como es el sueño de varios de nosotros, que nuestros hijos vayan a la Universidad en este país.
Entonces el tema cobra relevancia para quienes vivimos aquí, sin importar raza, idioma, o país de origen. Es una chica que se vio envuelta en una locura con la que nunca soñó, en un episodio que nunca esperaron sus padres.
Siguiendo sus historia a través de las páginas de este periódico, como lo hemos hecho desde hace cuatro años en los momentos críticos, es fácil darse cuenta que Amanda no es una delincuente, ni viene de una familia llena de problemas, que creara un clima entre sus hijos para inducirlos en el crimen.
Amanda Knox es una de esas niñas que pierden la perspectiva de cómo disfrutar la juventud, que se desordena y termina envuelta en una tragedia que no era parte de sus planes de vida.
No es nuestra misión juzgar ni mucho menos especular si esta chica era o no culpable del crimen por el que se le condenó inicialmente y ahora se le absuelve; ese no es el tema.
El tema que es igualmente relevante para todos, en especial para nuestros lectores que son padres de familia, es el cómo siempre se debe estar atento a la educación de los hijos, hacer el mayor esfuerzo para aconsejarlos y evitar que cometan errores.
La vida que estaba viviendo en Italia expuso a Amanda a riesgos que pudieron terminar con su vida, y estuvieron a punto de terminar con su libertad, que dejaron una huella profunda y negativa en ella así todo haya terminado felizmente.
La vida es de cada uno, y los padres después de cierta edad son apenas consejeros de sus hijos, pero esta historia nos recuerda que no hay esfuerzo pequeño, cuando de ayudarlos a ellos se trata.
