AP
Milicianos talibanes dispararon el martes granadas propulsadas por cohetes y fusiles de asalto contra la embajada de Estados Unidos, la sede de la OTAN y otros edificios en el corazón de Kabul, mientras comandos suicidas atacaban cuarteles policiales en un asalto coordinado que mostró la capacidad de los rebeldes de llevar su lucha hasta las puertas del poder occidental en Afganistán.
Los ataques –dos días después de que Estados Unidos recordó el décimo aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre– representan una señal inquietante para los gobiernos occidentales y sus aliados afganos de la resistencia y alcance de la red del Talibán.
Los talibanes se atribuyeron la responsabilidad del ataque, que según la embajada, no produjo heridos entre su personal. La OTAN dijo también que ninguno de sus elementos resultó herido.
La secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Rodham Clinton, dijo en Washington que su país hará todo lo posible para combatir a quienes cometieron el “ataque cobarde” contra la sede diplomática norteamericana y otros edificios en Kabul.
Clinton dijo que las fuerzas estadounidenses estaban tomando medidas para asegurar el área en la capital afgana y “garantizar que los autores del ataque sean enfrentados”.
Fue el tercer ataque importante en Kabul desde finales de junio y sembró nuevas dudas sobre la capacidad de los afganos de traer seguridad a su propio país mientras Estados Unidos y otras fuerzas extranjeras se preparan para retirarse a finales de 2014.
Las autoridades afganas dijeron que al menos un policía afgano, un civil y dos insurgentes murieron en los tiroteos y las explosiones que resonaron en toda la ciudad hasta bien entrada la tarde.
El ministerio del Interior dijo que un total de nueve personas resultaron heridas en la capital. La cifra incluyó a cuatro personas que resultaron heridas por al menos dos atentados suicidas en la parte occidental de la capital.
La vocera de la misión diplomática, Kerri Hannan, dijo que el personal se refugió en estructuras reforzadas y que “no hay bajas a esta altura entre el personal de la embajada”.
La Policía dijo que varios pistoleros dispararon desde un edificio alto en plena construcción en la plaza Abdul Haq, que se halla a 300 metros de la embajada estadounidense. Un funcionario afgano dijo que el ataque comenzó cuando unos cinco insurgentes tomaron el edificio y empezaron a disparar hacia la embajada y la adyacente sede de la OTAN.
La embajada de Estados Unidos está situada al borde del área de Wazir Akbar Khan y las explosiones sacudían el área, donde están situadas misiones diplomáticas de otros países.
Por lo menos un cohete cayó en un edificio donde se aloja la televisora privada Tolo TV y otro cerca de una camioneta escolar.
El portavoz talibán Zabiulá Mujahid afirmó que varios atacantes suicidas atacaban a los soldados afganos y extranjeros en la plaza. Dijo en un mensaje de texto que los atacantes suicidas armados de fusiles automáticos atacaban las oficinas de los servicios del espionaje afgano.
Atacan autobús
escolar
Combatientes talibanes armados atacaron ese mismo día un autobús escolar en el noroeste de Pakistán, matando a cuatro niños y al conductor, en una acción que según dijeron era un castigo a los tribeños locales por resistir al movimiento insurgente fundamentalista.
Por lo menos otros 14 niños y dos maestras resultaron heridas en el ataque perpetrado en Matani, en las afueras de la ciudad noroccidental de Peshawar, dijo el policía Ejaz Khan.
Dos líderes tribales en Matani han organizado milicias locales para evitar la infiltración de los insurgentes en Peshawar desde las cercanas zonas fronterizas con Afganistán. Esas milicias reciben apoyo financiero y logístico del gobierno y han matado o capturado muchos integristas armados en los últimos 18 meses.
Empero, ellos y sus familias han sido atacados sin misericordia por los insurgentes, que hasta hace tres años controlaban el área. Su proximidad a la región tribal y a Peshawar le conceden una gran importancia estratégica.
Los integristas que desean derrocar al gobierno paquistaní han realizado centenares de ataques en los últimos años, en su mayor parte contra las fuerzas de seguridad, civiles y otros objetivos estatales. El Ejército, respaldado por Estados Unidos, combate con la insurgencia en varios frentes.
