Decir adiós…

Diana Lucía Álvarez

Agencia Reforma

Cuando llegué a casa, mi hija Alú corrió a abrazarme y me dijo que necesitaba hablar conmigo. Le pedí que antes nos pusiéramos la pijama y luego platicaríamos en su cuarto.

-”Pero debes prometer que no harás lo mismo que papá”, me dijo muy firme. No supe qué responderle, no quería contradecir alguna orden de mi esposo.

-”Primero dime lo que ha hecho papá.”.

-”Le conté lo que pasa y me dice que ya no llore, que todo saldrá bien”, Alú hizo una pausa y cruzó los brazos. “¿Por qué no puedo llorar? Tú dices que sí se puede”.

-”Dime primero qué pasa”.

-”Es que. mi maestra de inglés se va de la escuela y la voy a extrañar mucho”, dijo y empezó a llorar, “papá me abraza y me dice que ya no llore”.

-”Él lo dice para consolarte, porque te ama”.

-”¿Pero tú no me lo dirás?”.

-”No, mi amor, ven, abrázame, llora”.

Esa noche Alú, quien tiene 9 años, me habló de su maestra, me dijo que es genial, que es muy divertida y se preocupa mucho por los niños. Recordó que ella la ayudó para que le perdiera el miedo al inglés.

-”¿Por qué no aproveché el tiempo con ella?”, se lamentaba Alú.

-”Pídele su correo, su teléfono. Ella sigue en la ciudad y tal vez podamos verla”, dije mientras la abrazaba con fuerza. “Yo te llevo a visitarla o la invitamos a comer”.

El llanto de Alú me conmovió. Era profundo y sincero. En un principio me preocupó que demostrara tal apego, pero me di cuenta que en realidad es muy doloroso perder a un amigo y tendemos a minimizar la pérdida o la distancia, por lo menos en mi caso, sin posibilidad de asumirla.

Son muchas las personas con las que hacemos amistad a lo largo de la vida, pero son pocas las que nos marcan porque les profesamos un profundo afecto y nos duele separarnos, ya sea porque existe distancia física, porque los ritmos de vida no compaginan, por malentendidos que pierden sentido con el tiempo o sencillamente por desinterés.

Al final lloramos un buen rato, así, abrazadas y hablamos mucho de su maestra, de los amigos, de las despedidas, de lo que nos produce tristeza y de lo que podríamos aprender de esto.

Alú dijo que aprendió varias cosas ese día: tiene que aprovechar el tiempo con los que ama y debe despedirse de los amigos que se van de su vida diaria.