Esther Cepeda
Columnista
El presidente Obama piensa que los electores latinos son estúpidos. No hay pruebas de lo contrario, si uno se basa en lo mal que está llevando sus promesas de la campaña sobre una reforma migratoria integral. El asunto ya se está convirtiendo en un problema para Obama, conforme maniobra hacia las elecciones presidenciales de 2012.
En 2008, Obama cortejó a los electores hispanos prometiendo apoyar “un sistema que permita que los inmigrantes indocumentados de buena reputación paguen una multa, aprendan inglés y vayan al final de la cola para la oportunidad de convertirse en ciudadanos”. Dejen de lado, por un momento, su posición con respecto al contencioso asunto del cumplimiento de la ley migratoria versus la reforma, y consideren la profundidad de esta promesa rota.
Porque Obama dijo que apoyaría –no que defendería, demostraría un liderazgo real o exigiría– un plan para que esto realmente sucediera, simplemente no ha sucedido.
Aparte de unas pocas débiles protestas sobre las leyes de los estados contra los inmigrantes ilegales, sus actos se han limitado a emitir perogrulladas sobre la reforma en eventos del Mes de la Herencia Hispana, justo antes de las elecciones de mitad de período de 2010, y a expresar su decepción cuando la Ley Dream fracasó en el Senado.
Las últimas tres semanas han sido igualmente irritantes. Primero, Obama se reunió con un grupo de “altos funcionarios del gobierno e interesados directos en la inmigración”, del que faltaron representantes de grupos a los que les preocupa la implementación de reformas que conduzcan a una mayor inmigración ilegal. Al final, el presidente dijo que el Congreso debía actuar.
Después se reunió con un grupo de “hispanos influyentes” entre ellos, una actriz que comercializa alcohol en botellas como de perfume, vendidas a mujeres jóvenes; un corpulento chileno, al que se puede encontrar en millones de casas hispanas, todos los sábados por la tarde, junto a señoritas que ríen tontamente mientras se menean en sus tangas, en su programa de variedades que ya lleva tiempo en pantalla; y un deportista que vive en California, le gusta escandalizar y es conocido por alentar la participación en las marchas de la inmigración de 2005, pero también por su programa matutino en español, lleno de obscenidades, al estilo de Howard Stern.
¿Necesito explicar cuán ofensivo es esto?
Obama indicó a las celebridades que procedieran a decir a otros que él debe obedecer lo que dice la ley y esperar a que el Congreso actúe. Tonterías. El Departamento de Seguridad del Territorio podría comenzar a menguar el dolor de las deportaciones siguiendo, simplemente, sus propias reglas. Y justo la semana pasada, peritos en la ley migratoria esbozaron la capacidad ejecutiva del presidente para interpretar e implementar las leyes existentes, a fin de mejorar la vida de la gente, en lugar de sólo continuar diciendo que las leyes no funcionan y no se las puede arreglar.
Las promesas vacías de Obama están pudiendo más. El representante Luis Gutiérrez ya ha declarado que no respaldará el intento de reelección de Obama, si no se progresa en la reforma. En las concentraciones de inmigración del Día del Trabajo, en todo el país, los hispanos declararon que ya no lo toleran más. La coalición de organizaciones de base para la inmigración con sede en Chicago, a la que se le adjudicó la incitación de esas marchas masivas de inmigración en 2005, ha comenzado a pedir a los organizadores que saquen a los electores a votar en 2012 –pero no por Obama.
Los electores latinos son listos y están viendo que la falta de liderazgo de Obama en el asunto de la inmigración no va a modificarse en un futuro cercano. Tal y como están las cosas ahora, ya sea si votan a los republicanos o si no votan, no tienen absolutamente nada que perder en 2012.
