AP
Autoridades localizaron cuatro fosas más con al menos otros 16 cadáveres en el estado norteño de Tamaulipas, lo que elevó a 88 el número de cuerpos encontrados en la última semana en una zona afectada por la violencia del narcotráfico.
El nuevo hallazgo en la municipalidad de San Fernando se hizo luego de que militares detuvieron a un hombre que confesó haber participado en el secuestro y asesinato de pasajeros de autobuses que habrían sido inhumados clandestinamente, informó la noche del domingo la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).
Autoridades habían localizado hasta el viernes 10 fosas con 72 cadáveres y detenido a 14 presuntos responsables, a quienes se vincula con el cartel de Los Zetas.
San Fernando, cerca de la frontera con Estados Unidos, fue escenario en agosto de 2010 de una masacre de 72 migrantes, en su mayoría centro y sudamericanos, atribuida a ese mismo grupo del crimen organizado.
Las autoridades aún no han identificado a las víctimas, aunque en principio el gobierno de Tamaulipas cree que serían mexicanos.
El canciller de El Salvador, Hugo Martínez, informó el lunes que su gobierno no ha recibido ninguna notificación sobre alguna posible víctima salvadoreña.
“Se están haciendo las investigaciones forenses y vamos a esperar los resultados”, dijo el diplomático en rueda de prensa en San Salvador.
“Esperamos que no haya víctimas salvadoreñas”, añadió.
Algunos de los migrantes asesinados en agosto eran salvadoreños.
La Sedena identificó al detenido como Armando César Morales Uscanga, quien declaró estar involucrado en el plagio de pasajeros de autobuses el 24 y 29 de marzo.
El hombre también dijo haber participado en la inhumación de 43 de los cuerpos localizados, según la dependencia.
A Morales se le decomisó un arma larga, además de 2.942 dólares y 22.590 pesos (unos 1.900 dólares).
El Departamento de Estado estadounidense informó el fin de semana que al menos uno de sus ciudadanos estaba entre decenas de personas que fueron bajados por la fuerza de autobuses de pasajeros en Tamaulipas.
Cuando el presidente Felipe Calderón asumió el poder en diciembre del 2006 lanzó una ofensiva militar contra el narcotráfico y otras formas de crimen organizado que desde entonces ha dejado más de 34.600 muertos.
