Georgina Montalvo
Agencia Reforma
Tener presente la premisa de que sólo cambiando uno mismo podrá cambiar el mundo, es fundamental para emprender esta tarea.
“Las relaciones interpersonales pueden llegar a ser en extremo conflictivas cuando nos dejamos llevar por la necesidad de lograr que los demás sean y se comporten como nosotros creemos que es la única forma correcta y valiosa”, advierte María Cecilia Betancur en Estoy Encantado de Haberme Conocido (Editorial Norma).
El primer paso
La persona que se anime a emprender este cambio porque reconoce que está siendo poco tolerante, solidaria y respetuosa con sus semejantes, debe empezar por voltear los ojos hacia sí misma y reflexionar cómo anda su autoestima, pilar fundamental del buen trato hacia los demás.
“La autoestima y la seguridad en sí misma, esencia de la persona asertiva, se reflejan en el trato natural y espontáneo con los demás. Sus palabras, el tono de su voz y sus ademanes son la resultante de quien sabe quién es, qué dese, qué está dispuesto a permitir y qué no”, asegura Betancur.
Sin embargo, ese análisis no se puede hacer completo en una sola “plática con la almohada”.
“Se trata de tomar unos minutos al día para ponerse en contacto con uno mismo, todos los días; al levantarse, pensar unos pocos minutos cómo nos sentimos y si somos capaces de expresar nuestras propias necesidades y sentimientos”, recomienda María Angélica Verduzco Álvarez-Icaza, coautora del libro Autoestima para Todos (Editorial Pax).
Si tienes ese nivel de asertividad, ya tienes andada la primera parte del camino pues sólo con esa actitud podrás sortear la convivencia con personas que consideras te “sacan de quicio” y que no tienes opción de dejar de convivir con ellas porque, por ejemplo, son parte de tu equipo de trabajo o requieres un servicio de su parte.
“A este mundo llegan dos clases de personas: unas que vienen decididas a hacerles la vida fácil a los demás, y las otras, las que vienen decididas a más bien hacérselas complicada”, sentencia la autora de Estoy Encantado…
Límites
El reconocimiento de los sentimientos y, sobre todo, aprender a expresarlos de manera directa, es una base sólida sobre la que puedes construir tus límites de tolerancia y buen manejo de conflictos interpersonales.
“Los límites se establecen de acuerdo a las prioridades personales, primero debemos ver el propio bienestar de nuestra salud emocional y si hay algo que le perjudica, una situación inconveniente, debe rechazarse sin culpa porque es algo inadecuado para uno mismo”, comenta Verduzco Álvarez-Icaza.
Pero establecer los límites también tiene su arte, no se trata de dar manotazos sobre la mesa para hacer escuchar tu posición, sino de, nuevamente, ser asertivo al exponer, de manera educada, tu punto de vista.
Hacerlo de diferente manera puede salir más natural y resultar más sencillo, aunque corres el riesgo de mostrarte intolerante.
Nosotros vivimos en sociedad, el límite de lo que acepto tiene que ver con el comportamiento de la otra persona, pero “si todos ponemos de nuestra parte, todo es más armónico, de hecho las reglas y normas se hacen para convivir”, señala Verduzco Álvarez-Icaza.
Y después…
Ensayar una y otra vez estas actitudes es lo que se debe procurar una y otra vez para llegar a ser una persona a la que no le afecta que los demás no actúen como espera y que acepta que en el mundo hay otras personas con intereses distintos a los suyos.
En la medida en que aceptes tus propias cualidades y defectos, habilidades y características positivas, será más fácil reconocerlas en los demás.
Y si en algún momento te sientes agredido por una actitud o expresión de otro, no pierdas de vista que sólo se trata de una opinión.
“Si lo que dice no vulnera ni mis creencias ni mis principios, hay que tomarla como tal, estando o no de acuerdo con ella”, recomienda Verduzco Álvarez-Icaza.
