Reflexiones
La Raza
El ataque de que fue victima la legisladora demócrata Gabrielle Giffords esta semana en Arizona, es sin duda el hecho más notable del momento, por lo que representa.
Es un ataque a la democracia y a la buena voluntad. La señora Giffords se encontraba reunida con gente común, escuchando a la comunidad, y fueron gentes del común las víctimas mortales de este ataque, como se menciona en nuestra página 7.
A la tragedia del ataque se suma el debate levantado alrededor de los motivos que pudo tener el asesino para querer acabar con la vida de una persona que ejerce la política; las acusaciones sobre el tono del debate entre Demócratas y Republicanos han ido y venido, como siempre sucede, desde las dos esquinas partidistas del país.
Es triste decirlo, pero en momentos, las quejas entre los políticos han superado a las muestras de dolor y solidaridad del país por la tragedia.
Es nuestra opinión que el país debe moderar su tono en el debate político, todos están de acuerdo en que el tema se ha vuelto visceral y ofensivo en ocasiones, particularmente frente a debate que polarizan, como la Ley de Arizona y la reforma a la salud.
De hecho, es necesario que los políticos trabajen más duro en el tema de recordar el concepto positivo del bipartidismo, la cooperación hacia las mejores ideas, no el negativo, el detrimento del rival.
Pero también es necesario que se entienda que un psicópata no se crea solamente con retórica.
Los programas radiales y de televisión donde liberales y conservadores se atacan una y otra vez, son dañinos, no amplían el debate sino que lo polarizan.
Pero, de ahí a decir que forman psicópatas, existe un buen trecho.
Son muchos los errores que ha cometido la sociedad de este país: el aislamiento, la pérdida de valores familiares, la proliferación de las drogas, los abusos de poder, que contribuyen al alto índice de psicopatía.
De manera que los políticos no forman psicópatas, aunque estén errados en su polarización permanente, hay que tener eso claro.
Sobre todo para no perder de vista la necesidad de retomar valores fundamentales, de lucha contra el aislamiento y la consecuente locura, que producen estos episodios.
