Reflexiones
La Raza del Noroeste
Hace poco más de cuatro años el estado de Washington, y la región del Puget Sound en particular, disfrutaban de enorme prosperidad económica; Boeing anunciaba con bombo y platillo la enorme preventa de su nuevo avión el 787; Amazon y Google se levantaban como titanes de la industria de internet, Microsoft seguía contratando gente por todo el mundo.
El desempleo por esa época se encontraba, en la mayoría de los condados de la región, por debajo del 5%; era el tiempo en que las marchas de inmigrantes por una reforma migratoria justa comenzaban, y tenían fuerza e impacto nacional.
Por esa época la Gobernadora del estado, señora Christine Gregoire, resaltaba la contribución de hispanos con y sin situación migratoria definida, a la economía local; “para mí son ciudadanos”, dijo una vez.
Pero los tiempos cambian, la economía del mundo, del país y del estado se deterioró, el desempleo se disparó y alcanzó el doble de su nivel de ese entonces:
El presupuesto estatal entró en cuidados intensivos.
Tristemente, y como describe nuestra historia de página tercera, el deterioro, que ha tocado directamente y muy duro a los trabajadores de nuestro origen y cultura, ha comenzado a impactarnos indirectamente, a través del recorte a servicios que tienen como principal razón de ser, el ayudar a las comunidades inmigrantes.
Es una realidad dura, para sanar un déficit de más de un billón de dólares, el gobierno debe cortar servicios en todas partes, y el departamento de Salud y Servicios ve cortados varios de sus servicios.
La interpretación médica es un servicio fundamental para inmigrantes que no se pueden comunicar bien con sus doctores y proveedores de servicios, su recorte les va a impactar de manera inmediata y, en algunos casos, hasta peligrosa.
Pero la interpretación es también una fuente de trabajo, y como tal, la medida dejará seguramente sin trabajo, o disminuirá dramáticamente los ingresos, de hispanos bilingües que viven de este trabajo.
Un corte que causa doble herida a nuestra comunidad.
La comunidad inmigrante, gran ayuda en la bonanza, es ahora prescindible en los tiempos difíciles; y no puede decirse que sea culpa de la gobernadora o el gobierno; es una situación que se deriva del hecho que las comunidades minoritarias son muchas y diversas, y por tanto sus servicios se hacen costosos.
No se puede culpar a quienes en el pasado han defendido y apoyado a los inmigrantes, pero debemos esperar que el gobierno siga en la búsqueda de soluciones reales, no solo recortes, para esta crisis.
