Esther Cepeda,
The Washington Post
Recientemente, pasé algo de tiempo observando dos clases de matemática—compuesta de estudiantes cuyo rendimiento estaba en el extremo más bajo del espectro, con respecto a sus pares.
Lo asombroso no fue que estos niños de Jardín de Infantes tuvieran dificultades para crear oraciones numéricas correctas cuando se les proporcionaba un sumando y la suma (es decir, ? + 3 = 3), o que los de segundo grado tuvieran dificultad en resolver un problema creando una tabla de datos organizada en forma secuencial.
¡Lo asombroso es que se esperara que los niños de ambos grados comprendieran problemas abstractos tan difíciles!
En verdad, un estudio de principios de 2016 se preguntaba “Is Kindergarten the New First Grade?” La respuesta es: sí. “[Últimamente,]los maestros jardineros … tienen expectativas académicas mucho más altas para los niños tanto antes del ingreso a Jardín de Infantes como durante el año de Jardín de Infantes. Dedican más tiempo a un contenido más avanzado de matemática y lectura y a instrucción y evaluación dirigidas por el maestro, y tiempo considerablemente menor al arte, la música, la ciencia y las actividades seleccionadas por el niño.”
Ese tipo de experiencia de Jardín de Infantes avanzada y rigurosa puede ser valiosa para algunos estudiantes. El problema es que, mientras los niños pequeños de hogares de altos ingresos probablemente fueron expuestos a destrezas numéricas—como aprender correspondencia uno-a-uno, los nombres de los números y contar en secuencia—casi desde bebés, los de familias de bajos ingresos tienen más probabilidades de comenzar Jardín de Infantes sin el beneficio de un preescolar de calidad o de que su mamá y su papá los iniciaran en conceptos de matemática.
Así pues, para el momento en que llegan a Jardín de Infantes y primer grado, ya hay enormes brechas que pueden ser difíciles de remediar.
Según un nuevo estudio de Child Trends, un centro de investigaciones sin fines de lucro y no partidario, las destrezas en matemática de los niños latinos van a la zaga de la de los blancos en lo que equivale a tres meses de aprendizaje.Eso no se debe a una falta de capacidad inherente.
Child Trends señala que tras dar cuenta de la pobreza, los niños latinos y blancos aprenden matemática al mismo ritmo durante el Jardín de Infantes. Pero debido a que, como grupo, los niños latinos comienzan atrasados con respecto a sus pares blancos, siguen a la zaga en matemática en la primavera del año de Jardín de Infantes y, si no se remedia, esa brecha puede crecer a dos años para cuando llegan al octavo grado.
Esos efectos—hasta para los estudiantes hispanos de alto rendimiento—pueden detenerlos en la secundaria y la universidad.
Nuevas investigaciones de Danny Martin, profesor asociado de la Universidad de Illinois en Chicago, sobre de qué manera la precepción racial afecta los logros de un estudiante, hallaron que esas brechas y su alta visibilidad resultaron en “la perpetuación de una jerarquía racial ampliamente aceptada y en gran parte no cuestionada, para la capacidad matemática: se coloca a los estudiantes identificados como asiáticos y blancos en el tope, y a los estudiantes identificados como afroamericanos, amerindios y latinos en el fondo … [enmarcando a esos estudiantes] como aprendices menos que ideales … [y] analfabetos matemáticamente, de una manera que se representa como natural y biológicamente determinada.”
El remedio para esa situación tienen muchos componentes: Apuntar a los estudiantes de bajos ingresos para proporcionarles un preescolar de calidad, alinear el programa de matemática de los grados elementales con los estándares básicos (common-core) más rigurosos, asegurar que los maestros sean sumamente calificados para enseñar matemática en los primeros años, inculcar en los padres de bebés y niños pequeños la necesidad de enseñar destrezas numéricas además de destrezas de lectura.El primer paso, sin embargo, es la concientización pública.
Si uno no tiene un alumno de Jardín de Infantes en su vida, es difícil imaginar el nivel de complejidad matemática que se espera que aprendan los niños pequeños de nuestra nación. Esto no es motivo de temor, pero sí requiere que uno esté consciente para alentar la intervención.
