¿La timidez lo atormenta?

Ramón Clériga

Agencia Reforma

Un rubor que invade las mejillas, sudor frío en manos y frente, taquicardia, un nudo en la garganta, las mandíbulas apretadas, los molestos gases en la panza, temblores o tics y un sin número de síntomas incontrolables invaden con frecuencia a las personas tímidas cuando se encuentran ante otros.

Esto es un conjunto de manifestaciones psicosomáticas que el tímido trata de disimular y, ante el evidente fracaso de su intento, las cosas empeoran aún más.

Usualmente no sabe cómo actuar en una reunión de amigos o de trabajo, al principio se ruborizará, pero esto no es lo peor: al darse cuenta de que llama la atención, el sonrojo aumentará y si, además, alguien le dice que se está poniendo colorado, terminará por vivir el tropiezo como una tragedia.

La timidez está relacionada con el trato social, por eso, hay muchas situaciones en las que el tímido puede sufrir con el contacto humano, por ejemplo: al encontrarse a solas con alguien en el elevador, al hacer una pregunta en público, al efectuar un reclamo en un restaurante, al devolver una prenda en la tienda o al iniciar una relación de pareja.

Pero ciertos niveles de timidez pueden incluso resultar atractivos porque despiertan en algunos sentimientos de ternura, ante la manifiesta, y muchas veces supuesta debilidad y aparente necesidad de protección que se desprende del tímido. Por eso algunos tímidos resultan interesantes para algunas mujeres, que ven en ellos personas a quien mimar o proteger, como una ocasión de manifestar su instinto maternal.

Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones la timidez se convierte en un tormento, un problema enfermizo que impide al individuo relacionarse con soltura.

¿Pero cuándo se puede considerar la timidez anómala y que requiere que se actúe sobre ella?

La señal de alarma es el sufrimiento, cuando ese temor al contacto con los demás produce angustia, desestabiliza y perjudica a la persona en sus relaciones de trabajo, de amistad y familiares hay que intervenir, pues el bienestar emocional y la calidad de vida están alterados.

Introspección

Ser tímido no es lo mismo que ser retraído. Hay personas que son reservadas y viven, predominantemente, hacia dentro de sí mismas y prefieren expresarse con sobriedad, pero pueden, perfectamente, no ser tímidas. Algunos eligen disfrutar de su mundo interno y no salir mucho de sí mismos e incluso pueden ser excelentes comunicadores.

El tímido es, usualmente, una persona muy emotiva que tiene miedo de actuar mal y por eso evita el contacto con los demás. No confía en sí mismo ni en los demás.

Algunos tímidos aceptan su timidez como un componente de su personalidad y logran sobreponerse, pero hay otros casos en que su forma de ser les causa un severo sufrimiento. Muchos de ellos no han podido soportar la angustia del aislamiento progresivo al que ellos mismos se han condenado y al que irremediablemente les empuja una sociedad que no se anda con mucha consideración con los aparentemente débiles.

Para sobrevivir, en algunos casos, muestran conductas compensatorias: agresividad, despotismo, frivolidad o intentan llamar la atención de los demás mediante el chiste fácil o el falso liderazgo. Estos son componentes psicológicos de defensa que funcionan como una máscara que oculta a los tímidos y los hace difíciles de reconocer.

Y hay ¿tímidos con éxito?

Cuando la timidez no es grave puede convertirse incluso en un elemento al que sacan ventaja; la prudencia característica de los tímidos les ayuda a controlar mejor los impulsos no deseados y les facilita una mejor aceptación social que las personas que no actúan con tanto cálculo.

Por otra parte, los tímidos son, con frecuencia, retraídos y aprovechan esa facilidad para profundizar en la creatividad interior, lo que estimula la imaginación y la fantasía. Por ello, entre los tímidos se encuentran artistas, pensadores y escritores.

Por otro lado, aunque en el ámbito laboral se valora la capacidad de comunicación, también pueden aprovechar las ventajas de la timidez. Algunos tímidos han encontrado en el trabajo su refugio con tendencia a ser perfeccionistas y eficaces.

¿Nace o se hace?

La timidez es la punta de un problema oculto y más profundo. Debido al ocultamiento de los deseos y la imposibilidad de ponerlos en práctica, surgen, una serie de fantasías en las que el tímido se percibe interiormente deseando realizar sueños que al final no ejecuta. Esta contención se terminaría corporalizando y se convierte en la rica sintomatología psicosomática del tímido: el rubor, sudor, temblores…

Los trastornos por este tipo de ansiedad social interfieren en la calidad de vida de la persona y afectan su normal desarrollo. Por ello es importante que, cuando se detecte, se haga una consulta, ya que cuanto más precoz sea el tratamiento más rápida será la cura.