Debra Smith
The Daily Herald
La vida de Ana Solorzano esta estacionada en una gasolinera sobre la Avenida Rucker. Es de color rojo, tiene llantas y una abertura de metal.
Solorzano le llama a su lonchera “Ana’s Casita”—literalmente, su pequeña casa, donde paso la mayoría del tiempo. Seis días a la semana, nueve horas al día, su casita esta estacionada a unos pasos de las autopistas llenas de trafico.
Autobuses y trocas pasan mientras ella cocina y sirve sus tacos, burritos y otros platillos mexicanos, a las personas que llegan a cómprale. Desde oficinistas en saco y corbata hasta jornaleros en pantalones empolvados.
“Todo lo que ella cocina es bueno”, dijo Sean Sloan, hombre de negocios que trabaja en la esquina de la calle donde esta la lonchera. Él dijo que llega a comer allí casi todos los días.
Solórzano de 28 años es madre de tres hijos, ella ve a su pequeña casita como una manera de alimentar a su familia y sus sueños. Ella emigro de México siendo tan solo una niña. Su esposo es un ciudadano americano y juntos están construyendo una vida mejor.
“Trabajo duro”, dijo ella. “Esta es mi oportunidad para hacer algo para el futuro”.
A nivel nacional, las loncheras se han expandido más allá de servir solo comida mexicana a comidas de otras naciones. En Nueva York hay loncheras donde sirven cola de vaca, sopa de pescado entre otras comidas.
Pero por ahora, aquí es simplemente loncheras de tacos—con la excepción de una van que sirve café.
La Casita de Ana es una de por lo menos nueve loncheras registradas en el Departamento de Salubridad en Snohomish.
Durante el clímax del año pasado la popularidad de las loncheras fue dos veces esa cifra. Se podían encontrar en parqueaderos o en las orillas de las calles más frecuentadas por automovilistas.
No hay una manera segura de saber el por que desaparecieron muchas de las loncheras que estaban en función, una idea es la economía, dijo Randy Durant, el inspector principal del Departamento de Salubridad en Snohomish.
Muchos de los clientes que frecuentaban las loncheras eran jornaleros. Menos trabajo significa menos trabajadores con hambre, dijo el.
Las loncheras tienen un archivo de inspeccion de salubridad al igual que un restaurante formal, dijo Durant. Se requiere que las loncheras sigan los mismos requerimientos.
La mayoría de loncheras ofrecen tacos, burritos y tortas.
Solorzano cocina todo como que le estuviera cocinando a su familia.
A pesar de la crisis económica, Ana’s Casita esta produciendo ganancias modestas, dijo Solorzano.
Talvez es la comida. Talvez es la personalidad de ella.
“Dicen que soy una mujer fuerte”, dijo ella mientras reía.
Ella emigro a Los Estados Unidos con sus padres cuando tenía 12 años. Ellos vivieron en California y después de un tiempo se mudaron al este de Washington. Solorzano dijo que ella desarrollo una ética de trabajo por su familia, ella siempre vio a su padre y a su abuelo trabajando horas largas como jornaleros.
Como la hija mayor de una familia de ocho, mucha responsabilidad fue puesta sobre sus hombros. Cuando tenía 15 años ella obtuvo su primer trabajo en un restaurante de hamburguesas. Ella trabajo desde entonces en la industria de la comida rápida.
El año pasado su esposo y ella usaron dinero que recibieron de la aseguradora, después de la muerte de su madre, para comprar la lonchera y todo el equipo, que incluye una parilla, refrigeradora y lavaplatos.
Ella dijo que los $45,000 que invirtieron en la lonchera es una inversión para la familia.
“Vimos que la vendian”, dijo ella. “A veces uno quiere trabajar por su cuenta”.
Es un riesgo grande.
Su esposo cuida a los tres hijos varones y la familia cuenta solamente con los ingresos de la lonchera y un trabajo de medio tiempo en un restaurante para seguir adelante.
Solorzano se levanta antes de las 5 a.m. la mayoría de los días, y se tarda aproximadamente cuatro horas en la preparación de la comida. Después de cerrar la ponchera a las 5 p.m., ella va al supermercado a comprar verduras frescas.
Ella estima que trabaja más de 90 horas a la semana. Solorzano dijo que le ayuda a sus hijos con sus oraciones antes de dormir.
“Así es la vida”, dijo ella. “Cuando uno se da cuenta lo que necesita hacer en la vida uno lo hace”.
Solorzano nunca se graduó de la preparatoria, pero dijo que algún día lo obtendrá y talvez un diploma de la universidad también. Ella les dice a sus hijos que estudien, que la buena educación los lleva a buenos lugares.
“Yo siento algo dentro de mi que me dice que lo puedo hacer”, dijo ella. “Mi esperanza es que yo lo puedo hacer”.
