Brian Mendia
La Raza del Noroeste
El trabajo lo inician desde muy tempranas horas, justo antes que salga el sol, en el hipódromo de Emerald Downs en Auburn.
El 50 por ciento de quienes trabajan con los caballos del hipódromo son hispanos; hay jinetes, entrenadores, ayudantes; algunos llevan más de 10 años con la empresa.
Martin Pimentel, es un entrenador de caballos pura sangre que acude a competencias en California y otros estados, aparte de Washington. Durante los últimos 25 años, ha llegado a conocer este oficio muy detalladamente.
Es una labor dura que demanda tiempo y esfuerzo. Yo, en lo personal, viajo casi todo el año, desde febrero hasta mediados de septiembre, dijo el.
David Alvarado, un caballerango, quien lleva acabo la labor de alimentar y limpiar a los 12 caballos que están bajo su responsabilidad, dijo que estos animales necesitan cuidados diarios.
Comen todos los días, por lo cual el cuidado debe ser diario, no se le puede abandonar ni en descansos o en fines de semana acá tiene que estar uno presente, dijo Alvarado.
El entrenamiento del caballo es de seis días a la semana y lo realiza otra persona quien ejercita a la bestia y le brinda terapia a base de bálsamo de lodo, producto que se aplica en las patas del animal, y posteriormente se le coloca un vendaje al finalizar cada competencia o entrenamiento.
Melvin Salas, jinete, realiza este trabajo desde hace un buen tiempo; su oficio demanda madrugar, cronometrar tiempos, controlar el galope, y otras técnicas equinas.
Un gigante dentro de la competencia, a pesar de ser pequeño de estatura, es el jinete, quien debe mantenerse en un peso promedio entre 95 a 110 libras.
El jinete, conocido como Jockey, cumple esa función tan importante en la competencia, una profesión peligrosa ya que pone en riesgo su vida al poder caer dentro de la carrera.
Con esfuerzo y dedicación, los hispanos de Emerald Downs dan sustento a sus familias y contribuyen a este deporte en el noroeste.
