Grandes esperanzas

(AP) — Las actividades cotidianas de Marlén López parecen fácil, pero distan de serlo: Se trata de una indocumentada que limpia oficinas para pagar sus cuentas y no ha visto a su hijo de ocho años desde que salió de El Salvador hace tres años.

Sin embargo, a los 33 años de edad López está contenta con su trabajo, tiene esperanza en el futuro y confía en que su hijo tendrá algún día un título universitario en Estados Unidos.

López, como tantos otros inmigrantes hispanos, encaran su vida en Estados Unidos con optimismo porque la consideran mucho mejor que la que dejaron atrás.

Una encuesta de Associated Press-Univision entre más de 1.500 latinos revela que los inmigrantes hispanos, muchos con problemas enormes en sus países de origen, tienen una visión más idealizada de Estados Unidos que los hispanos nacidos en territorio estadounidense.

Es una experiencia citada con frecuencia en la historia de Estados Unidos, país que atrae inmigrantes convencidos de que abundan las oportunidades y de que harán una vida mejor. Pero también abundan los relatos de que, en cuanto llegan, enfrentan escollos sociales y económicos que persisten de generación en generación.

Para López, la vida en Estados Unidos ha cumplido hasta ahora las expectativas que se formó desde que era una muchachita en El Salvador. Limpiando oficinas gana en una semana el doble o triple de lo que recibía como cajera de una tienda de comestibles en su país. Y ahora tiene jornadas laborales de mucha menor duración, mientras se prepara para traer a su hijo y a su padre a Estados Unidos.

“Uno espera lo mejor, y a veces no lo logra, pero estoy bien donde estoy”, dijo López, quien vive en Maryland, en declaraciones en español a un periodista.

El sondeo, también auspiciado por la organización The Nielsen Co. y la Universidad de Stanford, develó marcadas diferencias entre las esperanzas que tienen para sus hijos los inmigrantes progenitores y los hispanos nacidos en Estados Unidos: El 77% de los padres hispanos nacidos en el exterior creen será más fácil para sus hijos encontrar un buen trabajo, contra el 31% de los hispanos nacidos en Estados Unidos.

De manera similar, muchos más inmigrantes hispanos creen que para sus hijos será más fácil comprar una casa y formar una familia, en contraste con un número menor entre los hispanos nacidos en suelo estadounidense.

Dado que los 47 millones de hispanos son la minoría de crecimiento más rápido en Estados Unidos, determinar dónde podrán trabajar, si sus hijos podrán ir a la universidad y por quién votarán es importante para todo el país.

Resulta que los nacidos en el exterior albergan mayores esperanzas, según la encuesta.

Gary Segura, experto en ciencias políticas de la Universidad de Stanford que colaboró en la encuesta, lo atribuye a lo que describe como una “socialización adversa”. Los inmigrantes recién llegados, señaló, “pueden encontrar una vida mejor que la que tenían”. Pero a medida que pasa el tiempo y las cosas no salen como esperaban, su perspectiva comienza a cambiar.

La crisis económica del país se hizo sentir con especial fuerza entre los hispanos, de acuerdo con la encuesta.

Esa inseguridad económica impide a menudo que los hispanos accedan a una educación universitaria. Un 94% de los hispanos dijeron que quieren que sus hijos vayan a la universidad. Sin embargo, el censo indica que apenas el 13% completa estudios terciarios.

Alfredo Coronel, estudiante universitario de 22 años que vino ilegalmente de México cuando tenía ocho años, expresa una combinación de optimismo y frustración.

Coronel, estudiante de arquitectura en el Diablo Valley College de Pleasant Hill, California, opina que a sus hijos les resultará más fácil que a él asistir a la universidad.

“Estoy adquiriendo experiencia sobre cómo funciona el sistema y eso los beneficiará”, manifestó.

Por ser indocumentado, Coronel no puede recibir ayuda ni préstamos y le costará encontrar trabajo una vez finalizados sus estudios.

“Pienso todo el tiempo en lo que pasará cuando termine. Todos los días”, señaló.

La encuesta determinó asimismo que muchos hispanos luchan por mantener un equilibrio cultural, preservando sus identidades pero al mismo tiempo tratando de ser aceptados por la sociedad estadounidense.

Segura dijo que la asimilación es una necesidad, ya que los inmigrantes, especialmente los que no hablan inglés, “lo pagan caro” pues no pueden manejarse libremente en la sociedad. Los nacidos aquí, en cambio, tienden a darle más importancia a la preservación de su cultura.