Maria Elena Salinas
Columnista
Juan Manuel Santos obtuvo el mayor número de votos en la historia de Colombia. Más de 9 millones de electores le dieron el sí. Santos superó a su rival, Antanas Mockus, con más de un 70 por ciento de la votación. Aunque hubo más de un 50 por ciento de abstención, los seguidores de Santos fueron a las urnas masivamente a pesar de la lluvia, de las amenazas de subversivos y de los partidos del mundial de fútbol.
A Santos le tocará con inteligencia y una buena dosis de paciencia, mejorar las deterioradas relaciones con sus vecinos Ecuador y Venezuela con quienes su país tiene un enorme intercambio comercial y de lo cual depende el trabajo de al menos 300,000 colombianos.
Santos ha insistido, antes y después de la elección, que continuará con las tareas de seguridad que fueron quizás el mayor logro del gobierno de Álvaro Uribe en ocho años, con ayuda del propio Santos en su calidad de ministro de defensa. “Que oigan los terroristas y el mundo. A las FARC se les agotó el tiempo. Mientras insistan en métodos terroristas no hay la mínima posibilidad de diálogo y las seguiremos enfrentando con toda la dureza y con toda la firmeza,” dijo Santos.
Pero para mantener seguros a los pueblos y carreteras de Colombia el nuevo presidente deberá inventar la manera de continuar un colosal presupuesto para sostener a 430,000 hombres armados, una cifra sin precedentes en la historia del país.
Uno de los desafíos es crear fuentes de empleo para superar uno de los más altos índices de desempleo en el continente que promedia casi un 20 por ciento. Pero por encima de todo ello, en lograr una mayor distribución de la riqueza. El último informe de CEPAL dice que el 45 por ciento de los colombianos viven bajo el nivel de pobreza, el 15 por ciento en la indigencia.
También hará frente a la herencia negativa de su antecesor en materia de derechos humanos. Al presidente Uribe lo responsabilizan por la monstruosidad moral de los llamados “falsos positivos” que supuestamente dejaron al menos 2,000 inocentes asesinados por la fuerza pública para hacer creer que eran guerrilleros, lo que dejó al país mal parado en cuestión de imagen internacional. Y también deja un enorme río humano de desplazados, campesinos que han abandonado sus parcelas huyendo de la guerra lo cual tiene un elevado costo para la economía del país.
Uribe consolidó la sociedad estratégica de su país con Estados Unidos. Pero aun así es al nuevo presidente a quien corresponde conseguir la firma de un acuerdo de libre comercio con el país del norte que el presidente saliente, a pesar de su esfuerzo, no pudo obtener. Además, el presidente Santos tendrá la misión de lograr que Estados Unidos mantenga el Plan Colombia que ha costado a los contribuyentes norteamericanos $4 mil millones desde 1999.
También será tarea del nuevo mandatario combatir a fondo la corrupción. Uribe lo intentó pero no logró superar los escándalos de la llamada “para-política” que mantienen en prisión a por lo menos 60 destacados políticos, una buena parte de ellos congresistas, por sus relaciones con paramilitares.
A pesar de ello y de su intento fallido por perpetuarse en el poder con un segunda re-elección, Uribe deja un legado que muchos desearían. Ha sido el presidente más querido por los colombianos y el más admirado por los extranjeros en los últimos 100 años, deja el cargo con un muy elevado porcentaje de aprobación.
Habrá que ver cuál será el balance del gobierno de Juan Manuel Santos dentro de 4 años, el 7 de agosto del 2014. De ello dependerá que pueda darse el mismo lujo de su antecesor de continuar gobernando a Colombia por cuatro años más.
