¿Tienes un amor tóxico?

Arlett Mendoza

Agencia Reforma

“¡Vete! No, no, espera… no me dejes”, esta frase muestra una de las contradicciones con las que te encontrarás si te involucras en una relación amorosa con una persona agresiva-pasiva, pues quienes tienen este tipo de personalidad buscan ser protegidas por su pareja pero al mismo tiempo la rechazan.

Detectar a tiempo este tipo de personalidad es fundamental, pues quienes suelen relacionarse con personas así pueden presentar angustia constante e, incluso, depresión.

Estar vinculado a una persona pasivo-agresiva es vivir en un movimiento de resistencia civil, pues ésta constantemente utiliza el sabotaje, la insurrección, una lentitud desesperante, el incumplimiento de los compromisos y la indolencia para convivir con su pareja, señala Walter Riso en su libro Amores altamente peligrosos (editorial Norma).

Esto se debe, precisa, a que la propuesta amorosa de los pasivos-agresivos se basa en actitudes dañinas como: “Tu proximidad afectiva me aprisiona, tu lejanía me genera inseguridad”, causada por su ambivalencia interpersonal; “debo oponerme a tu amor sin perderte”, debido a su sabotaje afectivo y “aunque nos amemos todo irá de mal en peor”, generado por su pesimismo.

¿Cómo son?

De acuerdo con Maribel Gutiérrez, académica de la Universidad Panamericana, este tipo de personalidad aparenta ser ecuánime y libre, pero como tiene poca tolerancia a la frustración, fácilmente se enoja, aunque no lo expresa de manera directa, sino que disfraza la agresión con “olvidos” y comentarios constantes para descalificar a su pareja, como: “Nunca te fijas” o “Debes tener más cuidado”.

Además, añade, suelen ser introvertidos, negligentes con ellos mismos, no expresan fácilmente sus emociones y aunque no les gusta ser el centro de atención, demandan que se les cuide todo el tiempo.

El motivo de su actuar es que tienen un serio problema con la autoridad, que se pudo haberse originado tras varias experiencias traumáticas. Un ejemplo es el que hayan tenido padres que les enviaban información contradictoria, lo que los obligó a aprender a relacionarse por medio de una estrategia de acercamiento-evitación, explica Riso en su libro.

Además, pudieron haber sufrido durante la infancia de alguna rivalidad severa con sus hermanos y haber sido víctima de alguna figura de autoridad a la que amaban, la cual los explotaba o restringía.

El porqué de su encanto

No importa si es hombre o mujer, su atractivo radica en que en apariencia no le exigen nada a su pareja, pero a la vez, necesitan que los protejan. Por ello, si pides libertad en tus relaciones y tienes instinto de protección, ten cuidado, pues es fácil que te enganches con alguna personalidad agresiva- pasiva.

“Quienes se sienten atraídos por este tipo de personas, tienden a minimizar las agresiones que reciben de ellos y a justificarlas, pues su impulso de protección hace que el maltrato pierda importancia”, indica Gutiérrez.

Además, tienden a volverse cuidadores crónicos, ya que poseen una responsabilidad exacerbada y la culpa, la tienen a flor de piel.

Por otro lado, las personas que se sienten atraídas por esta personalidad, por lo regular tienden a no soportar la idea de comprometerse, lo que se engancha con la negligencia de los agresivo-pasivo.

Si tienes una relación estable con una persona agresiva- pasiva es recomendable asistir a una terapia psicológica.

Además, debes poner en práctica algunas estrategias para sanear tu relación. Los expertos te sugieren poner límites, establecer una comunicación abierta, no desgastarte en convencerlo en situaciones obvias, no aceptar realizar las responsabilidades que le corresponden, evitar responder a sus provocaciones y eludir sus juegos de ambivalencia.

Detéctalos

De acuerdo con el psicólogo Walter Riso, puedes identificar al pasivo-agresivo cuando:

ŸSus apreciaciones sobre ciertas personas son duras, negativas o destructivas.

ŸIncumple sus compromisos.

ŸPromete más de lo pueden cumplir.

ŸPide muchos favores de diversos tipo