La fotografía publicada en nuestra página sexta esta semana captura, de manera brillante, un gesto de la Gobernadora de Washington, que bien puede resumir la situación fiscal en el estado donde vivimos ahora.
Durante su campaña para la reelección, Christine Gregoire defendió de manera vehemente su declaración de que no subiría más impuestos.
La gente al parecer le creyó, Gregoire ganó la elección, pero la promesa no se cumplió. Habrá nuevos impuestos.
Hay poderosas razones, sin embargo, para que no se haya podido cumplir la promesa de no aumentar tributos.
La crisis del país y del estado es una crisis real, el cambio de 4.7% a 10% en el índice de desempleo es medible; la crisis de bienes raíces tambien.
La consecuencia es una baja dramática en los ingresos del estado, y por eso, el gobierno enfrentó la decisión de subir impuestos, o cortar servicios a los habitantes del estado.
Al final habrá de los dos, algunos servicios tendrán que ser cortados o reducidos, pero muchos críticos fueron salvados.
También subirán varios impuestos, pero, honestamente y aunque por supuesto impactará a personas y negocios, los impuestos aumentados no son dirigidos a artículos de “primera necesidad”.
Si el gobierno no puede sostener los servicios, un impuesto adicional a la cerveza, los dulces o el cigarillo, que son artículos de entretenimiento y no de alimento, debe ser soportable.
Dejando la política aparte, esa es para los partidos, por lo menos los legisladores y la gobernadora hicieron un trabajo decente, de escoger el menor de varios males.
