Maria Elena Salinas
Ciudad de México — Existen muchas similitudes entre las primeras damas de México y Estados Unidos. Tanto Michelle Obama como Margarita Zavala de Calderón son abogadas, sus edades están en los 40, son madres de niños pequeños, ambas trabajaron entre bastidores en las campañas presidenciales de sus esposos y las dos son apasionadas con las campañas sociales que promueven.
Después de sentarme con cada una para entrevistarlas, puedo ver que también representan una nueva clase de primeras damas, mujeres fuertes con estilo y sustancia.
Viajando con la prensa extranjera acreditada pude constatar como la señora Obama se ha convertido en un ícono de la moda. Discusiones sobre su vestimenta y quien la diseña, dominaron los comentarios detrás de escena antes que comenzara lo que sería la parte central de su visita. Mientras que la señora Calderón tiene un acercamiento más modesto con la moda, su sencillez, carisma y autenticidad, la hacen ver amable y accesible. Y si los mexicanos no han visto ese lado de ella, deberían observarla más de cerca.
Margarita Zavala de Calderón ha escogido combatir las adicciones, no sólo para proteger a la juventud de los efectos del abuso de sustancias, sino también como una solución más amplia para la violencia generada por las guerras del narcotráfico que en México han cobrado 22,000 vidas durante los últimos cuatro años. “Lo peor que puede hacer un estado es no enfrentar los problemas. Ya que así como es importante que se enfrente a través de persecuciones de delito, los que no estamos en ello tenemos que trabajar a través de la sociedad,” dice. Así como México señala a Estados Unidos en parte como responsable de la violencia del narcotráfico como nación consumidora, ella no niega que ese uso de drogas es también un problema creciente en México, por lo cual ella lucha contra la adicción y la demanda como solución para el narcotráfico en ambos lados de la frontera.
Zavala de Calderón, una ex congresista, abandonó su carrera política para dedicarse a su familia y apoyar las aspiraciones políticas de su esposo. Ella no siente que fue un sacrificio. “Siempre concebí la política como una tarea humana en su sentido amplio, no es un asunto de cargos, es un asunto de convicciones, de generar un bien común y siempre hay esa posibilidad.”
Aparte de su campaña contra la obesidad, Michelle Obama se concentra en promover el liderazgo entre los jóvenes. “¿Por qué le apasiona tanto este asunto?” le pregunté.
“Porque creo que es la médula de nuestro éxito como planeta, hablando francamente, los asuntos que enfrentamos, así sea el extremismo, el cambio climático, la estabilidad económica, no serán resueltos en nuestra vida, lo pasaremos a la próxima generación,”respondió. “Debemos conseguir gente joven con disposición para prepararse, y que comiencen a pensar en sí mismos como líderes.”
En su discurso ante miles de estudiantes en la Universidad Iberoamericana, la señora Obama dijo que debemos cambiar la percepción de que sólo unos cuantos privilegiados pueden tener acceso a la educación superior. Utilizando el famoso lema “Sí se puede,” desafió a los jóvenes para que no se conformen.
“Tenemos muchas cosas en común,” me dijo la señora Obama acerca de Estados Unidos y México. “Una de las razones por qué me siento tan cómoda aquí es porque en México uno se siente como en casa, nuestro valores y la concentración en la familia y en nuestros niños, la ética del trabajo aquí, la buena voluntad y la decisión de sacrificarnos para que nuestros niños tengan más,” dijo. Da la impresión de que las mujeres casadas con los dos hombres que dirigen los destinos de estos países también han encontrado muchas cosas en común.
