Jorge Ramos
Columnista
El actual debate migratorio en Estados Unidos me recuerda la obra de teatro “Esperando a Godot” del famoso escritor irlandés Samuel Beckett. En la obra dos hombres esperan infructuosamente a un tal Godot que nunca llega. Es igual a la historia del problema de la inmigración: Levamos muchos años esperando una solución que tampoco llega.
Al firmar la ley más antiinmigrante de todo el país, la gobernadora de Arizona Jan Brewer dijo que una de las razones que sustentan la legislación fue que los políticos de Washington no han hecho nada para resolver la situación de los 12 millones de inmigrantes hispanos indocumentados en Estados Unidos. Y eso es cierto.
Para llenar ese vacío de la legalización, Brewer aprobó varias medidas que son potencialmente discriminatorias. Es un delito estar sin papeles o sin identificación en Arizona. Es un delito ayudar a indocumentados o transportarlos. Y la policía actuará como agente de inmigración y podrá detener a cualquier persona sospechada por ser indocumentada. Este proceso representa la persecución del más débil; y el surgimiento del “Big Brother” en Arizona.
Pero pregunto ¿cómo se detecta a un indocumentado? Yo hablo inglés con acento y tengo la piel morena. ¿Me pueden detener en el aeropuerto de Phoenix por eso? ¿Y qué pasa si no llevo mi pasaporte cuando viajo? ¿Me podrían llevar a la cárcel o multar? Sí.
Luís Gutiérrez, el congresista demócrata de Illinois, tiene las mismas dudas.
“Soy puertorriqueño, nací en Chicago y los miembros de mi familia han sido ciudadanos norteamericanos por varias generaciones”, dijo hace poco. “Pero vean mi cara y escuchen mi voz y me podrían arrestar por eso. ¿Es esto lo que queremos para Estados Unidos?”
La última reforma migratoria fue aprobada en 1986 cuando, gracias al entonces presidente Ronald Reagan, se legalizaron 3 millones de indocumentados. Fue una reforma generosa pero incompleta. Para el año 2000 ya habían llegado 6 millones de indocumentados al país.
Cuando un impopular Bush trató de legalizar a millones de indocumentados en 2007, su capital político era tan reducido que la propuesta, presentada en el Senado el 9 de mayo de 2007, ni siquiera pudo ser sometida a votación. Ahí murió cualquier posibilidad de aprobar una ley de reforma migratoria.
Barack Obama resucitó el tema migratorio durante su campaña presidencial con el objeto de conseguir el voto latino. Como resultado, casi siete de cada 10 hispanos votaron por él. Pero la promesa que hizo a los latinos (y que enfatizó durante una entrevista en mayo de 2008), tampoco se ha cumplido.
La nueva ley migratoria de Arizona significa que el racismo tiene raíces muy profundas en la sociedad estadounidense. Significa que el llamado “poder latino” no es tan poderoso como creíamos. Pero también significa que los republicanos de Arizona — incluso la gobernadora — que aprobaron la ley antiinmigrante, no han aprendido la lección y que por eso los hispanos seguirán votando contra ellos.
Lo único positivo que ha surgido de la firma de la nueva ley en Arizona es que el tema migratorio se ha convertido ya en un asunto de alta prioridad para todo el país. Al ver lo que está ocurriendo en Arizona, los inmigrantes y la gente que está en contra de ellos tienen la misma respuesta: Urgen soluciones migratorias a largo plazo.
Uno de los personajes de Beckett dice al final de la obra: “… Seguro que (Godot) vendrá mañana”. Eso es lo que dice mucha gente sobre la reforma migratoria: Ya vendrá.
Pero Beckett publicó su obra en 1952. Y todavía no ha llegado Godot.
