El primer presidente hispano

Jorge Ramos

El primer presidente latino seguramente ya nació. Pero ese hispano o hispana tendrá que ir a contracorriente para llegar a la Casa Blanca. Su vida, sin duda, será más difícil que la de la mayoría del país.

Nueve de cada 10 latinos no tienen un título universitario. Esos nueve están fuera de la posibilidad de entrar a la Casa Blanca o a millones de empleos. Por muy distintas razones — problemas económicos, falta de apoyo familiar, bajas expectativas — una tercera parte de los latinos no termina la preparatoria (high school). Y así su futuro se destruye.

Hace poco conocí a un grupo de jóvenes que abandonaron sus estudios. Uno tenía que trabajar para mantener a sus hermanos. Otro se metió a vender drogas para sobrevivir. Otro más se aburría en el colegio y sus padres no lograron convencerlo para que siguiera estudiando. Ninguno de ellos había cumplido los 20 años pero sus rostros ya estaban marcados por el pesimismo. Y percibían que su vida, sin preparatoria, iría de mal en peor.

La primera presidenta latina va a tener que vencer la terrible tendencia de nuestros jóvenes a dejar la escuela y no asistir a la universidad.

El primer presidente latino va a tener que luchar para guardarse de las graves enfermedades. La mitad de todos los bebés latinos van a desarrollar diabetes en su vida, según un estudio de la Universidad de Texas. Uno de cada cuatro niños México-americanos es obeso. Combinar hamburguesas, salchichas y pizzas con tacos, tamales y burritos es una bomba para la salud (y para cualquier estómago).

Los hispanos comen mal, no porque quieran, sino porque es más barato. El 68 por ciento de las calorías que comen los niños más pobres de Estados Unidos (entre los que están los latinos) proviene de pizzas, papitas, hamburguesas y refrescos.

El primer presidente hispano va a necesitar que sus padres le enseñen a comer saludablemente para que se evite morir de un ataque cardíaco a la mitad de su carrera política. Ese es parte del mensaje de la nueva campaña de la primera dama, Michelle Obama, contra la obesidad.

Pero a pesar de los problemas educativos y de salud entre los hispanos, el futuro es promisorio. Somos más que nunca. El censo de este año confirmará que hay más de 50 millones de latinos y que antes de un siglo seremos la mayoría de Estados Unidos.

Es cierto que tenemos muy poca representación política. Tenemos un sólo senador (Bob Menéndez en Nueva Jersey), un sólo gobernador (Bill Richardson en Nuevo México) y poco más de 20 congresistas. Pero ya hemos quebrado casi todas las barreras. Varios latinos han llegado ser astronautas y viajar al espacio. Sonia Sotomayor es la primera jueza latina en la Corte Suprema de Justicia. Solo nos falta llegar a la Casa Blanca.

Hay pocos momentos en la historia en que aquello que parecía imposible se materializa y, de pronto, el país se llena de esperanza. Ocurrió con la elección de Obama como presidente en el 2008, y de Ronald Reagan en 1980. También pasó con los presidentes Vicente Fox en México (2000) y Nelson Mandela (1994) en Sudáfrica. Son momentos “mágicos”.

No cabe duda de que nos espera otro de esos momentos “mágicos” cuando el primer latino gane la presidencia en Estados Unidos. Y nos estamos preparando para ese momento.

Una de las cosas que más me emociona cuando viajo a promover mis libros en Estados Unidos es que las familias me llevan a sus niños a las presentaciones y me dicen: “Mira, aquí está Alejandra y ¡ella va a ser la primera presidenta hispana del país!” O “¿Qué le parece José Presidente?” Me parece bien.