Fiesta en La Casa Blanca con invitación

Maria Elena Salinas

La época navideña es temporada de fiestas. Nos encantan y les tememos a la vez. Es muy agradable compartir el espíritu de navidad con la familia, amigos y compañeros de trabajo, comer y tomar hasta hartarnos, pero luego hay de esas fiestas aburridas a las que nos toca ir obligados por compromiso, a menos que la invitación venga directamente de La Casa Blanca.

Cuándo recibí el correo electrónico informándome que estaba invitada a la fiesta para la prensa en La Casa Blanca sentí emoción y escepticismo al mismo tiempo. No recibí una invitación impresa. Después de cubrir la noticia de los colados en La Casa Blanca no estaba dispuesta a pasar por la humillante experiencia de tener que demostrar que en realidad fui invitada.

Mi contacto me aseguró que estaba en la lista de invitados y que cuando nos encontráramos me entregaría la invitación. Sentí un poco más de alivio cuando recibí el email de la oficina de prensa de La Casa Blanca pidiendo las fechas de nacimiento y números de Seguro Social mío y de mi invitado. Guardé el mensaje y lo imprimí para tenerlo conmigo por si acaso.

El siguiente dilema fue a quién llevar como invitado o invitada. Como mamá mi primera intención fue llevar a una de mis hijas, pero sólo una podría ir, así que elegí según las edades. Sobra decir que a mi hija menor no le encanto la idea, así que ahora estoy en deuda con ella.

Para mi hija de 15 años era la oportunidad de su vida. Obsesionada como es con la historia norteamericana, la idea de ir a La Casa Blanca era fascinante para ella.

Evidentemente después que Tareq y Michaele Salahi lograran colarse a la primera cena de estado del Presidente Barack Obama sin ser invitados, La Casa Blanca no correría ningún riesgo. Antes de ingresar a la mansión había un segundo puesto de revisión donde las identificaciones fueron comparadas de nuevo con la lista de invitados.

No importó que algunos de los invitados fueran periodistas que día tras día ingresan a La Casa Blanca para cubrir noticias. O personalidades conocidas de la televisión. Gente como Andrea Mitchell, Rachel Maddow, Joe Scarborough y Mika Brzezinski de MSNBC tuvieron que identificarse al igual que reporteros políticos como Ed Henry y el comentarista Roland S. Martin de CNN, y también Bill O’Reilly y Brit Hume de Fox. Sí, leyeron bien, Bill O’Reilly, esta era una fiesta de Navidad que no discrimina, solo había que estar en la lista de invitados, no apoyar las posturas de la administración.

Después de ser recibidos por escoltas militares de La Casa Blanca nos pidieron que escribiéramos un deseo navideño en pequeños papeles coloridos, los cuales fueron puestos en un árbol de madera inmenso. Nos ofrecieron una copa de champaña mientras escuchábamos villancicos.

El momento esperado, por supuesto, era la aparición de la pareja presidencial. La organización fue perfecta, no se escapó detalle, nos entregaron una pequeña tarjeta con el tiempo asignado para saludar al presidente y a la señora Obama y tomarnos una foto con ellos. Mientras, podíamos disfrutar de las botanas y dulces navideños y recorrer los salones llenos de historia.

Cuando llegó el momento formamos una línea hasta llegar al cuarto donde estaban los Obama. Yo he estado en La Casa Blanca en varias ocasiones entrevistando a varios presidentes. Esta no fue una fiesta más de Navidad. No siempre uno puede ser huésped del presidente de Estados Unidos. Para mi hija será una experiencia inolvidable, y yo guardaré la invitación que finalmente me fue entregada como prueba de que en realidad fui invitada a La Casa Blanca.

A Obama lo he entrevistado cuatro veces desde las elecciones primarias, pero para mi hija este fue un momento que había estado esperando con ansiedad. El presidente preguntó su nombre y la edad y le dio la bienvenida a La Casa Blanca.