Mujeres valientes

Maria Elena Salinas

El periodismo es una profesión fascinante. Es un privilegio ser testigo de eventos que cambian el curso de la historia. El informar sobre ellos puede ser apasionante, pero también requiere de cierta cantidad de coraje y en algunas ocasiones la búsqueda por la verdad pone al periodista en una situación precaria ante aquellos que ostentan el poder.

Eso es lo que le ha ocurrido a un grupo de mujeres que acaban de ser galardonadas con el premio al valor por la Fundación Internacional de Mujeres Periodistas. Cada año tres mujeres de diferentes partes del mundo son homenajeadas por su osadía en el ejercicio de la profesión y una es reconocida por los logros de toda una vida de carrera.

Iryna Khalip ha ejercido el periodismo durante más de 15 años en la ex republica soviética de Belarús. Trabajo en varios periódicos que fueron cerrados por el gobierno, pero continúa denunciando los excesos de la dictadura. “¿Cuándo fue que comenzamos a perder nuestra libertad?,” se preguntó en el discurso. “¿Sería cuando mis colegas fueron arrestados por reportar lo que vieron, o cuando la policía allanó mi casa luego que publiqué un artículo sobre corrupción, o quizás cuando mis amigos comenzaron a desaparecer uno por uno?” A las dictaduras no les gustan los periodistas, declaró acertadamente. O los destruyen o los compran. Por su estilo incisivo de informar Khalip ha sido arrestada, interrogada durante largas horas y golpeada por la policía, aún así asegura que no será silenciada.

Agnes Taile, es un joven Africana atractiva e ingeniosa. Con sólo 29 años de edad muestra un conocimiento y determinación excepcionales. El denunciar la corrupción dentro del gobierno y las injusticias a las que son sometidas las mujeres en su natal Camerún, se ha convertido en la misión de su vida.

Cuando aceptó el premio lo hizo a nombre de todas esas jóvenes que en su país no tienen la posibilidad de estudiar, las que son obligadas a prostituirse y estar en matrimonios forzados desde una corta edad. Fueron las injusticias que ella misma ha vivido lo que la motivo a convertirse en “monitor de la sociedad.” Taile no sólo perdió su trabajo en la radio y televisión, sino que casi pierde la vida cuando fue sacada de su casa a punto de arma blanca por desconocidos, brutalmente golpeada y abandonada a su suerte.

Jila Baniyaghoob se ha dedicado a defender los derechos de las mujeres en un país donde la mujer tiene pocos derechos. No pudo estar allí para recibir su reconocimiento. Hasta hace poco estuvo encarcelada en una prisión Iraní por su cobertura de la represión gubernamental a las manifestaciones en protesta por los resultados de las elecciones presidenciales. Su marido, también periodista aún permanece tras las rejas.

Amira Hass dice que no entiende porque le dieron un premio a toda una vida de carrera, cuando su trabajo sólo representa una tercera parte de su vida. Además, dice, su trabajo ha sido un fracaso.

Durante los últimos 20 años Hass ha reportado sobre el conflicto entre Israelitas y palestinos con una perspectiva distinta. Como la única judía israelita radicada en los territorios ocupados se ha atrevido a denunciar lo que considera las restricciones injustas e inmorales a las que son sometidos los palestinos por el gobierno Israelí. “Mis fuentes no son documentos secretos o los detalles develados de alguna reunión de aquellos que ostentan el poder,” dijo. “Mis fuentes son las formas tan descaradas en que los oprimidos están siendo desposeídos de sus derechos como seres humanos.”

Las experiencias de estas mujeres no deben quedar en el anonimato, y sus llamados a la justicia no deben ser ignorados. Toda sociedad tiene sus problemas y su buena dosis de injusticias e inequidades.

“Perdí mi trabajo pero mi convicción esta hoy mas fuerte que nunca,” – Agnes Taile.