No fue caso único

FRANK ELTMAN

PATCHOGUE, Nueva York, EE.UU. (AP) — “José, Kevin y yo empezamos a pegarle y José le dio un puñetazo tan fuerte que lo noqueó”, dijo a la policía Anthony Harfford, al narrar el ataque de un grupo de estudiantes de secundaria contra un inmigrante ecuatoriano, del que se cumple un año el domingo.

El grupo de adolescentes que recorría las calles en busca de hispanos a quienes atacar, llamaba a esa actividad “salir de frijoleros”. Harfford dijo que no lo hacían muy seguido, “quizás sólo una vez por semana”.

Antes de la muerte de Marcelo Lucero, apuñalado en una esquina de Patchogue, otros ataques contra la creciente población hispana del este de Long Island habían tenido gran repercusión. Pero recién cuando los siete adolescentes acusados por la muerte de Lucero le contaron a la policía de sus ataques y cuando los residentes hispanos que callaban esas historias se animaron a confirmarlas en público, las autoridades se dieron cuenta de la seriedad del problema.

Durante el año que pasó desde la muerte de Lucero, la atención del país se centró en las relaciones interraciales en esta zona y el Departamento de Justicia federal inició una investigación de crímenes de intolerancia y de la respuesta de la policía local ante las denuncias. Un grupo nacional de defensa de los derechos civiles publicó un estudio que detectó “una omnipresente atmósfera de miedo en la comunidad latina” en el condado de Suffolk, donde está Patchogue.

Muchas víctimas dijeron que siempre se resistieron a llamar a la policía porque temían que les preguntaran por su condición migratoria. Pocas semanas después del funeral de Lucero, un pastor invitó a los hispanos que hubieran sido atacados a compartir sus experiencias y decenas de ellos lo hicieron.

“Era un grupo de gente aliviada porque había alguien escuchándolos”, dijo el reverendo Dwight Lee Wolter. “Tan sólo querían alguna especie de testigo de que su historia valía la pena ser contada”.

Pocos fueron capaces de identificar a sus agresores, pero los fiscales consiguieron suficiente evidencia para presentar cargos por ocho ataques más contra los mismos adolescentes acusados de la muerte de Lucero.

El sábado por la noche Wolter celebraba un servicio ecuménico, luego de una vigilia de velas organizada por la familia de Lucero en el lugar donde murió.

Foster Maer, abogado del grupo LatinoJustice, dijo que el crimen de Lucero “despertó la atención de todos sobre lo mala que es la situación”.

El comisionado de policía del condado de Suffolk, Richard Dormer, dijo que su departamento será exonerado en la investigación federal y que sus agentes no preguntan sobre la condición migratoria de los denunciantes. Luego del ataque, Dormer designó a un oficial hispano al frente de un cuartel local.

Lucero, de 37 años, vivía en Estados Unidos desde que tenía 21 y trabajaba en una tintorería. Caminaba a su casa con un amigo poco antes de la medianoche cuando el grupo de adolescentes los enfrentó. El amigo huyó pero Lucero quedó rodeado, dijeron los fiscales.

Intentó defenderse con su cinturón, pero Jeffrey Conroy, de 18 años, lo apuñaló en el pecho y huyó, según los fiscales.

Esta semana, uno de los jóvenes, Nicholas Hausch, se declaró culpable de cargos de conspiración y crímenes motivados por intolerancia, y aceptó testificar contra los demás.