Mole y Revolución

Susana Noguez.

Consulado de México en Seattle.

Anteriormente hemos hablado en este espacio del orgullo que sentimos los mexicanos de nuestra comida. Los mexicanos estamos seguros de que quienes aún no conocen nuestra gastronomía, quedarán fascinados al probar la gran variedad de platillos que la comida mexicana ofrece al mundo entero.

Como parte de los festejos del Bicentenario de la Independencia de México y el Centenario de la Revolución Mexicana, en el Consulado celebramos nuestra cocina con una muestra gastronómica en el Restaurante Galerías, a quienes agradecemos su compromiso con este proyecto cultural.

En el evento cierre de la serie, realizado el pasado viernes 20 de noviembre, conmemoramos el 99º aniversario del inicio de la Revolución Mexicana, deleitándonos con uno de los platillos más tradicionales de la comida mexicana: el mole. Este platillo a base de salsas ha mantenido por siglos una misma base de ingredientes: chocolate, chile ancho, chile pasilla, jitomates, almendras, nueces, pasas, clavos, ajonjolí, pimienta, cebolla y ajo.

Durante el evento del viernes pasado, pudimos apreciar algunas de las diferentes variedades del mole que existen en nuestro país: poblano, verde (o pipián), negro, colorado, amarillo y almendrado. Cada uno con su distinto sabor, diferente consistencia y textura; servido sobre pequeñas piezas de pollo y acompañado por arroz blanco y calabacitas al vapor.

Con muestras como ésta apreciamos la variedad de nuestra cocina y observamos cómo cada región de México contribuye con su creatividad, tradiciones y buen sazón. El mole, con su sabor y sofisticación, ha contribuido a elevar la cocina mexicana junto a las más reconocidas del mundo.