Diana Leal
La Raza del Noroeste
Antonio Morales nació en Monterrey México, tiene mas de cincuenta años que deja ver en su pelo encanecido y su piel cuarteada; durante treinta años ha trabajado en los Estados Unidos siguiendo las temporadas de cosecha. Hoy está solo y sin casa; por la mañana va a bañarse a la misión Gospel, ubicada en el centro de Seattle, donde también come; duerme en una carpa que tiende en cualquier calle y que comparte con otros amigos inmigrantes, que como él, no tienen documentos, ni trabajo. Víctor nació en un pequeño pueblo de El Salvador. Por ser salvadoreño pudo obtener el TPS o permiso de trabajo, pero como nunca ha tenido trabajo estable no pudo conseguir dinero para renovarlo. A pesar de que sabe trabajar en la construcción y en mantenimiento de jardines, desde hace varios meses está desempleado. El también viven en la calle y duerme en la misión Gospel. ?Aquí encuentro comida, duermo, y encuentro con quien hablar para no sentirme tan sólo?. En el año 2000 estudios indicaban que el 79 por ciento de los indigentes de los Estados Unidos eran angloamericanos, el 3 por ciento afroamericanos, y solo el 7 hablaban español o eran originarios de algún país latinoamericano. Hoy encuestas callejeras y trabajadores de refugios como The Mission Gospel, dan testimonio del alto número de personas de diferentes grupos étnicos y razas que llegan todos los días en busca de un lugar donde dormir, entre ellos los Hispanos. Según estudios, las características de las personas que viven en la calle varían de acuerdo al grupo étnico o la raza. Los Hispanos por ejemplo tienen mayor tendencia a volverse indigentes por su situación económica, o por su dificultad para pagar arriendo, que por problemas de salud o conducta, factores comunes entre los indigentes anglo americanos. En el estado de Washington la situación de vivienda es particularmente difícil para los Hispanos; Un empleado que gana $8.07 la hora necesita trabajar aproximadamente 80 horas por 52 semanas para poder pagar un apartamento de dos habitaciones al precio del mercado. El número de mexicanos que viven en las calles está subestimado porque estos viven fuera de los espacios tradicionales, dice un reporte . Manuel tiene 40 años, es bilingüe, originario de Sur América y hace mas de cuatro meses tiene también como casa ?The Mision Gospel?. Ha vivido en San Diego y los Ángeles, no tiene familia cerca y trabaja en arreglo de jardines y construcción cuando tiene la oportunidad de ser empleado. Se considera un buen trabajador, un hombre de principios y saludable. ?Sé hacer las cosas bien, no me gusta el alcohol, ni las drogas?. Sin embargo Manuel cree que no ha tenido suerte en la vida, tal vez por eso hoy su única ilusión es conseguir algún dinero para comprar un pasaje e ir a trabajar en un barco pesquero en Alaska. Pero en la calle nada es ley; Jorge tiene resuelta su situación migratoria. Sabe cocinar, le gusta leer, escribir poemas y cantar. Nació en Cuernavaca, y vive en los Estados Unidos hace 23 años. Había trabajado hasta hace unos meses en otro estado como ayudante de mesero, sin embargo hoy, no solo no tiene empleo, ni casa, Jorge debió dejar la misión donde vivía junto a Antonio, a Víctor, a Manuel, y a otros hombres inmigrantes y no inmigrantes de otras razas; se encuentra recluido en un hospital porque tiene tuberculosis. Estaba esperando recuperase para, al igual que Manuel, para viajar a Alaska. El nombre de las personas fue cambiado por respeto a la privacidad de los entrevistados.
