Maria Elena Salinas
Benita Veliz debe soportar el sofocante calor del verano de San Antonio, mientras espera otros tres meses para saber como será el resto de su vida. Fueron sus padres quienes pusieron a Benita en una posición difícil cuando apenas tenía 8 años. Pero ahora el futuro de esta joven de 23 años de edad, está en manos de un juez federal de inmigración que decidirá en septiembre si Benita puede quedarse en Estados Unidos o si es deportada a México. Esta no es necesariamente la historia de otro inmigrante indocumentado. Es la historia de una joven que se graduó como la mejor y más joven de su clase a la edad de 16 años. Benita tuvo el segundo puntaje más alto en la prueba SAT en la escuela secundaria Jefferson y fue seleccionada como Finalista Nacional Hispana, lo que la ubicó entre el 5 por ciento de los mejores estudiantes hispanos en Estados Unidos. Además fue presidenta de la Sociedad Nacional de Honor, fue muy activa en su iglesia y ganó una beca completa para la respetada universidad St. Marys. Además obtuvo dos títulos avanzados en biología y sociología. Durante sus años de universidad encontró, de alguna manera, tiempo para actuar como voluntaria en un hospital de niños y en un programa de las Asociaciones Nacionales de Estudiantes, el cual ayuda a personas necesitadas. Para lograrlo trabajaba 45 horas semanales de mesera en un restaurante mexicano. Su estatus legal le impidió ir a la escuela de derecho pero Benita se mantuvo ocupada desarrollando su negocio de diseño y fotografía, dando clases privadas de matemáticas y ciencias, y lecciones privadas de piano. Aunque no tenía un número de seguro social ella siempre pago sus impuestos a través de su Número Individual de Identificación como Contribuyente. Su pesadilla comenzó en enero de este año cuando un policía en la ciudad de Helotes, cercana a San Antonio, la paró supuestamente por violar una señal de pare. Cuándo le pidió su licencia de manejar Benita confesó que no tenía una y explicó por qué. El policía la retuvo y la entregó a agentes de inmigración que la encarcelaron durante la noche. El caso de Benita ha atraído mucha atención en San Antonio así como en el congreso norteamericano, donde el Congresista Demócrata Charlie Gonzalez de San Antonio, ha prometido presentar un proyecto de ley para detener la deportación de Benita. También enfatiza en la importación de aprobar la ley de Desarrollo, Alivio y Educación para Menores Extranjeros, conocida como la Ley del Sueño (DREAM Act), una ley que busca proveer a aquellos que fueron traidos a Estados Unidos por sus padres antes que cumplieran 15 años, la posibilidad de obtener residencia permanente, cumpliendo ciertos requisitos. Benita no debía estar conduciendo sin licencia. Eso es verdad. Sin embargo, le debieron permitir tener una licencia con el propósito de identificarse y para asegurarse de que tiene el entrenamiento apropiado para manejar y el seguro necesario. Su caso demuestra lo absurdo del movimiento en contra de permitir a todos los residentes de este país, legales o no, tener una licencia de conducir. Benita es un ejemplo perfecto de por qué nuestras leyes migratorias necesitan ser reformadas. Son casos como el de ella que tienen que ser tomados en consideración mientras la Casa Blanca y el Congreso discuten la mejor forma de enderezar nuestro resquebrajado sistema migratorio. Es increíble que en el 2009 el gobierno de Estados Unidos castigue a alguien como Benita Veliz quien fue traída sin pedirlo a los Estados Unidos y ahora debe luchar para desafiar una ley que sólo apagará su espíritu y un futuro brillante.
