Por PAUL WISEMAN, LUIS ALONSO LUGO y ROB GILLIES , Associated Press
WASHINGTON (AP) — El presidente estadounidense Donald Trump se mostró jubiloso al llegar a un acuerdo preliminar con México para reemplazar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pero generó al menos tantos interrogantes como respuestas. ¿Será posible convencer o coaccionar a Canadá _el tercer socio del TLCAN y el segundo socio comercial de Estados Unidos_ a que acepte un nuevo pacto?
¿Es legal _o políticamente factible_ llegar a un acuerdo comercial que reemplace el TLCAN solamente con México? ¿Y qué sucederá con las complejas cadenas de abastecimiento creadas por empresas estadounidenses y de otros países a lo largo de los 24 años que lleva el TLCAN y que abarcan los tres países?
“Todavía restan muchas preguntas por responder”, dijo Peter MacKay, un exministro canadiense de justicia, defensa y asuntos exteriores, ahora socio del bufete legal Baker McKenzie.
Trump se apresuró a declarar que el acuerdo era un triunfo, como lo demostró, dijo, el alza de la bolsa el lunes, impulsada en parte por el aparente acuerdo con México.
“Acabamos de firmar un acuerdo comercial con México y es un acuerdo buenísimo para todos”, declaró el presidente. “Es un acuerdo que muchos decían que no se podía lograr”.
Trump insinuó que él podría excluir a Canadá del nuevo acuerdo. Dijo que quería llamarlo “Acuerdo Comercial Estados Unidos-México” porque, según él, el TLCAN ha ganado fama de ser perjudicial para los trabajadores estadounidenses.
Sin embargo, agregó, dijo que quería darle a Canadá la oportunidad de volver a entrar, “siempre que quieran negociar de manera justa”. Para intensificar la presión sobre Ottawa, amenazó con imponer nuevos aranceles a los autos importados de Canadá.
En declaraciones a la prensa, el principal asesor económico de la Casa Blanca, Larry Kudlow, exhortó a Canadá a “venir a la mesa”.
“Hagamos un gran acuerdo como el que acabamos de hacer con México”, dijo Kudlow. “De lo contrario, Estados Unidos podría tener que tomar medidas”.
La negociadora canadiense del TLCAN, la ministra del Exterior Chrystia Freeland, interrumpió un viaje a Europa para volar a Washington el martes.
“Solo firmaremos un nuevo TLCAN que sea bueno para Canadá y bueno para la clase media”, dijo Adam Austen, un vocero de Freeland. Añadió que “se requiere la firma de Canadá”.
MacKay añadió: “Todavía hay mucha incertidumbre, miedo, nerviosismo, la sensación de que lo miramos desde afuera”.
Los detractores denunciaron la perspectiva de marginar a Canadá de un acuerdo comercial norteamericano debido en parte a los riesgos que supondría para las empresas implicadas en el comercio internacional. Muchos fabricantes han construido sistemas vitales de aprovisionamiento que dependen de poder cruzar libremente todas las fronteras del TLCAN.
Jay Timmons, presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Estados Unidos, destacó: “es imperioso firmar un acuerdo trilateral”, en vista del “movimiento colosal de bienes y la integración de operaciones entre los tres países”.
Trump ha condenado frecuentemente el TLCAN como un “desastre” que ha eliminado empleos en Estados Unidos. El tratado redujo la mayoría de las barreras comerciales entre los tres países. El presidente y otros detractores dicen que el pacto alentó a los fabricantes estadounidenses a mudarse al sur de la frontera para explotar la mano de obra barata mexicana.
Con el acuerdo preliminar, podrían regresar más empleos fabriles a Estados Unidos, pero dista de ser un hecho consumado. Faltan las firmas oficiales y posteriormente la ratificación por los congresos de cada país.
El Congreso en Washington no lo someterá a votación antes del año próximo, es decir, después de las elecciones de noviembre que podrían significar el fin del dominio republicano en la cámara baja, pero en principio parece al menos una victoria propagandística para Trump.
