Asegurar educación de calidad para alumnos de inglés

Por Esther Cepeda,

The Washington Post

El Departamento de Educación de Estados Unidos recientemente dio a conocer una “Caja de herramientas para el estudiante de inglés”, creada para asistir a las escuelas públicas a cumplir su obligación legal con los estudiantes. El propósito es asegurar que tengan igual acceso a una educación de calidad.

No es tan fácil.

Fui maestra en un programa de “educación bilingüe” en un estado supuestamente a la vanguardia de la educación para estudiantes de inglés. Mi experiencia me dejó la sensación de que los estudiantes cuya lengua madre es el español, a menudo eran enviados, en manada, a aulas “independientes” con una maestra de español y mantenidos al margen.

Puesto que esos cursos sólo se abren si hay un número determinado de estudiantes de la misma lengua que los necesiten, generalmente se envía a los estudiantes de español—y no de otras poblaciones menores como polacos, asiáticos u otros inmigrantes—a estos programas impartidos en la lengua madre, que muy pocas veces son integrados con la población general de la escuela.

En las dos escuelas donde enseñé, ese hecho causó que los estudiantes de habla exclusivamente hispana quedaran aislados, a menudo confinados a ciertas zonas del edificio escolar.

El Departamento de Educación (DOE, por sus siglas en inglés) finalmente ha llamado a esto lo que es—segregación—y ha establecido una guía para asegurar que los estudiantes que aprenden inglés en las escuelas públicas no queden indebidamente marginados, en nombre de la instrucción en una lengua determinada.

La nueva guía declara específicamente que los programas para estudiantes de inglés no pueden segregar a los estudiantes sobre la base de su origen nacional o su categoría de estudiantes de inglés, a menos que exista una justificación educativa para hacerlo sobre la base del programa.

(Los programas de inmersión doble, que permiten inclusión e interacción continuas entre estudiantes de inglés y angloparlantes nativos, no suscitan problemas de segregación.)

También se detalla explícitamente que los distritos escolares no deben mantener a los estudiantes de inglés en programas tales por períodos más largos o más breves de lo necesario para alcanzar los objetivos educativos del programa.

Es necesario monitorear ese punto. A veces las escuelas, especialmente las de bajos recursos, dependen de subvenciones federales que se asignan para servir a grandes poblaciones de estudiantes de inglés.

Por ejemplo, si una escuela cumple los requisitos para recibir una subvención que proveerá computadoras nuevas al programa de aprendizaje de inglés, esa oportunidad podría influir la decisión de un director de mantener más estudiantes en el programa, que en realidad podrían ser derivados a las aulas generales dentro de la comunidad escolar.

También en la caja de herramientas del DOE, la guía requiere que los programas de aprendizaje de inglés limiten la duración de los programas independientes para recién llegados a un año, y que transfieran a los estudiantes de clases principalmente impartidas en la lengua madre a clases de contenido integrado en inglés—con apoyo continuado si fuere necesario.

“Además, mientras los estudiantes de inglés [ELs, por sus siglas en inglés] pueden recibir instrucción intensiva en inglés o servicios bilingües en clases separadas, pocas veces puede justificarse la segregación de sus pares que no son ELs, en materias como educación física, arte, música u otros períodos de actividades (por ejemplo, almuerzo, recreos, asambleas y actividades extracurriculares)”, señala la caja de herramientas.

Por último, la guía reitera que “la participación en un programa EL es voluntaria. Además, el [programa] debe evaluar por lo menos anualmente…el nivel apropiado de asistencia lingüística de sus ELs y determinar su elegibilidad para salir del mismo.”

Gracias.

Cuando me desempeñaba como maestra “bilingüe”, conocí padres que no deseaban que sus hijos fueran segregados en aulas especiales y que lucharon contra los distritos, que se mostraban renuentes a permitir que sus hijos abandonaran esos cursos. Otros padres no insistían en que sus hijos fueran colocados finalmente en las clases generales y esos alumnos sufrieron los resultados. Uno de mis estudiantes, nacido en Estados Unidos y en segundo año de secundaria, aún no había adquirido un dominio básico del inglés.

No hay duda de que los estudiantes de la nación cuya lengua madre no es el inglés merecen apoyo y programas especiales para que aprendan lo antes posible. Pero no hay motivo para meterlos en un gueto y mantenerlos apartados de sus pares.

Tal como lo señala el DOE, “Las investigaciones muestran que cuando se coloca a los estudiantes de inglés en ambientes segregados por mucho tiempo corren el riesgo de fallar académicamente, de retrasar su graduación y adquirir una autoestima académica negativa.”

El péndulo fue demasiado lejos desde los días en que se ponía a los estudiantes que no hablaban inglés en aulas generales donde debían sobrevivir como pudieran, causando lesiones emocionales.

Si se observan las nuevas directrices, hay posibilidades no sólo de que la adquisición del inglés sea más eficiente para los que no lo hablan, sino también de que sean acogidos más rápidamente a la comunidad escolar mayor—un paso fundamental para asegurar que esos estudiantes también alcancen los mejores resultados posibles en la comunidad más amplia de los Estados Unidos.