Es preciso algo más que una ley de nombre optimista para el éxito académico

Un nuevo día en la educación pública4

Por Esther Cepeda

The Washington Post

CHICAGO – ¿Qué les parece el nombre de la ley Todo Estudiante Triunfa (ESSA, por sus siglas en inglés)? Veamos cuánto tiempo pasa antes que su promesa optimista entre en desgracia y sea tan virulentamente despreciada como la Ley Que Ningún Niño Quede Atrás (NCLB, por sus siglas en inglés.)

NCLB, como se la denomina en círculos de educación, fue, en una época, anunciada como una herramienta positiva que exigía una rendición de cuentas. Siendo una ley federal, prometía asegurar que los distritos escolares de bajo rendimiento y altos niveles de deserción escolar mejoraran o proporcionaran a los estudiantes recursos adicionales, o la oportunidad de mudarse a distritos escolares de desempeño superior.

Pero eso no ocurrió. En cambio, se culpó a NCLB de la proliferación de exámenes decisivos que desplazaron las clases de arte, música y gimnasia en favor de más preparación para los exámenes.

Ahora, Randi Weingarten, presidenta de la American Federation of Teachers, calificó ESSA como “un nuevo día en la educación pública” y declaró que su aprobación representa la unión de padres, estudiantes y educadores para comunicar un mensaje: “Basta de esa fijación en los exámenes. Recuperemos la alegría de aprender.”

Los republicanos, también apoyan la ley porque restaura el control de los distritos escolares locales—sí, los mismos distritos que antes, durante y después de NCLB, no pudieron proporcionar a sus estudiantes una experiencia educativa de alta calidad.

Todo esto es un excelente ejemplo de la vieja rutina de los estándares nacionales de educación—los republicanos odian la parte “nacional” y los demócratas, la parte de “estándares”.

Desde la perspectiva de los derechos civiles, es inquietante que los estudiantes en las escuelas de menos recursos y menor rendimiento continúen sujetos a una educación más deficiente que la de sus homólogos más prósperos. Pero no hay una ley ni una política que pueda arreglar el factor esencial en juego en lo concerniente a las escuelas de bajo rendimiento: los padres de pocos recursos.

La cuestión principal es que el factor determinante en el desempeño escolar de un estudiante es la vida en el hogar de los padres del niño. Eso abarca todo, desde si la madre tuvo al niño cuando era adolescente, con cuidado prenatal adecuado, hasta si el niño pasó sus años de formación en un hogar estable con miembros de la familia que comprendían la importancia de las rutinas y del alfabetismo.

Vivimos en una sociedad donde padres sumamente educados hablan, leen y cantan a sus bebés cuando aún están en el seno materno, mientras que es necesario enseñarles a los desfavorecidos a tener conversaciones con sus hijos o instigarlos a que lean libros a sus hijos mediante una receta médica.

Y cuantos menos recursos puedan proporcionar los padres de bajos ingresos más retrasos sufrirán sus hijos en toda su vida.

Un amigo mío que enseña en una escuela que entrega computadoras portátiles a todos los estudiantes, independientemente de su capacidad de pagar tarifas por el equipo, me dijo recientemente que una de sus alumnas se quejó de que no podía completar su tarea porque su casa no tiene acceso a Internet.

El maestro sugirió que fuera a la biblioteca, a fin de acceder una red de Wi-Fi allí, pero la estudiante se desconcertó. “Ni siquiera sé dónde está la biblioteca,” dijo.

Hay un cierto tipo de padre para el que sería inconcebible no haber llevado nunca a sus hijos a la biblioteca local. Para otros padres, sin embargo, no es una cuestión de malicia ni de negligencia—la biblioteca pública, como otras tantas instituciones, es un recurso simplemente desconocido o inaccesible.

Ése es el tipo de desigualdades—como la famosa brecha de 30 millones de palabras entre lo que han oído los niños de bajos ingresos y los mas prósperos antes de comenzar Jardín de Infantes—que no pueden remediarse con una política que encomienda a las escuelas la tarea de “preparar [a los estudiantes] para la universidad y para una carrera”, pero que ofrece pocos incentivos o consecuencias.

La Leadership Conference on Civil and Human Rights reaccionó a ESSA con un llamado a la acción: “Esta ley requiere y espera que todas las comunidades y familias a las que sirven las escuelas participen, mientras se crean y ejecutan los planes para mejorar los resultados educativos de los estudiantes. Durante demasiado tiempo, los gobernantes han hablado de boca para afuera a los estudiantes de bajos ingresos, de color, con discapacidades o que aprenden inglés como segunda lengua.”

Sin embargo, esos mismos padres de bajos recursos a menudo no están bien equipados para defender sus intereses y los de sus hijos. Para que los niños de bajos ingresos tengan un mejor desempeño escolar, quizás debamos encontrar la manera de ayudar a los padres a tener una vida mejor.