Traslados de fábricas perjudican a ambos lados de la frontera

Por Esther Cepeda,

The Washington Post

CHICAGO — En meses recientes, varios fabricantes con sede en Estados Unidos anunciaron que trasladarán sus operaciones de fabricación a México. Esos traslados constituyen otro golpe a una clase obrera ya con problemas.

Goodyear, la fábrica de neumáticos con sede en Akron, Ohio, echó los cimientos de una planta de más de 1 millón de pies cuadrados y 550 millones de dólares, en México, a fines de julio. Unos días después, Mondelez International anunció que despedirá a la mitad de sus empleados en un establecimiento de Chicago que fabrica galletitas Mini Chips Ahoy y Cheese Nips. Ese trabajo se enviará al sur, para encarar lo que la portavoz Laurie Guzzinati dijo al Chicago Tribune que es una diferencia de 46 millones de dólares entre el coste de las operaciones en Chicago y en México.

Ahora se dice que Ford está negociando un traslado de la producción de automóviles pequeños a México en 2018. Se uniría a Fiat Chrysler, General Motors, Toyota, Volkswagen y los cientos de fabricantes de piezas que trasladaron sus operaciones a México para proporcionar materiales de ensamblaje baratos. Algunos solían echar la culpa a los sindicatos por elevar el costo de la mano de obra hasta el punto que los fabricantes no tenían otra opción que tercerizar para mantener las ganancias. Ahora, es simplemente un hecho que en el juego de la “globalización”, las empresas estadounidenses enviarán trabajo al país extranjero que pueda ofrecer los jornales más bajos posibles para sus hambrientos ciudadanos. La manera de endulzar la píldora de la globalización es diciendo que es un positivo neto, con más ganadores que perdedores. En el caso de enviar trabajo a México de Estados Unidos, trasladar puestos de trabajo al sur de la frontera supuestamente representa una ganancia para nosotros en dos puntos: Obtenemos productos más baratos y de alta calidad, y México gana la infraestructura y los puestos de trabajo para crear una clase media, mejorar la calidad de vida y quizás aminorar parte de la inmigración ilegal que llega a nuestro país.

Con la excepción de precios de automóviles ligeramente más bajos en Estados Unidos para los que pueden pagarlos, esa narrativa es una ilusión. Durante una visita en junio a la ciudad de Juárez, tuve la oportunidad de ver de primera mano la maravilla de estas mega instalaciones de fabricaciones en ciudades fronterizas, conocidas como maquiladoras.

Funcionan como un reloj para llevar multitudes de obreros mexicanos a sus estaciones para que ensamblen, rápidamente, productos como automóviles, lavadoras y refrigeradores. Funcionarios de las empresas con quienes hablé en una planta elogiaron las maquiladoras por ser una salvación para los obreros. Dijeron que no sólo ofrecen trabajo seguro con jornales competitivos, sino también seguro de salud (incluyendo asistencia médica en la fábrica), educación de jardín de infantes a 12º grado en las instalaciones, desarrollo profesional y bonificaciones, y hasta transporte al trabajo y del trabajo. El problema: Se les paga una miseria a los obreros mexicanos. En la última planta que visité, que alardeaba de tener ingresos anuales de 16.000 millones de dólares, los gerentes elogiaron el “talento” de los obreros inteligentes, ágiles y trabajadores de Juárez. Sin embargo pagan un promedio de 200 dólares al mes, posiblemente con bonificaciones en efectivo por asistencia, puntualidad y productividad, sumando quizás otros 140 dólares. Obreros más especializados podían ganar entre 430 y 600 dólares al mes.

Al mes.

A menudo esos obreros apenas podían sobrevivir y vivían en colonias, grandes barriadas de viviendas precarias. Los defensores de los derechos civiles de la ciudad dijeron que los jornales bajos contribuían al resurgimiento del narcotráfico, puesto que las familias hacen todo lo necesario para sobrevivir. Según el director de investigaciones de políticas comerciales del Economic Policy Institute,“la calidad de los puestos de trabajo en México que se suponía que el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica crearía no cerró la brecha entre salarios en México y Estados Unidos.