2011: Un año que sacudió el orden establecido

MARCUS ELIASON

The Associated Press

La primavera árabe sacudió el norte de África y el Oriente Medio, derrocando dictadoras en una ola de protestas callejeras. El terrorista mas buscado por el mundo murió a manos de tropas estadounidenses. Un terremoto y un tsunami azotaron Japón, amenazando al país con el espectro de un desastre nuclear.

Fue un año que estremeció el orden establecido. Incluso en una era de cambios y comunicaciones instantáneas a través del planeta, el 2011 fue extraordinario. Hacia el final del año, al menos tres líderes árabes habían caído, y al menos tres primeros ministros europeos habían perdido sus puestos en la crisis del euro, la moneda que se suponía simbolizase una Europa unida y fuerte.

El primero en caer con la Primavera Árabe fue el presidente de Túnez Zine El Abdine Ben Alí, enviado al exilio seis semanas después de que un descontento vendedor callejero desatase una rebelión al inmolarse.

La revolución más rápida fue en Egipto. Se tomó apenas 18 días, y masivas muchedumbres se congregaron en la Plaza Tahrir en el centro de El Cairo para forzar la renuncia del presidente Hosni Mubarak, que había gobernado el populoso país árabe durante casi 30 años.

La revolución más sangrienta fue la lanzada en Libia contra Moamar Gadafi, que tras 42 años en el poder fue derrocado por una sublevación popular ayudada por una campaña área de la OTAN, y luego muerto en circunstancias no esclarecidas.

La revuelta más lenta fue la de Yemen, extendiéndose desde febrero hasta noviembre, cuando el presidente Alí Abdulá Salé aceptó abandonar el puesto para el 23 de diciembre. Aún ardiendo estaban las manifestaciones diarias contra el presidente sirio Bashar Assad, pese a una sangrienta represión gubernamental en la que la ONU dice han muerto más de 5.000 personas. El reino de Bahrein enfrentó choques callejeros con sus súbditos. Otra monarquía, Jordania, también tuvo protestas callejeras.

Facebook y los teléfonos celulares tuvieron un importante papel en la organización de protestas y la difusión de dramáticas escenas en los televisores del mundo, evadiendo las censuras locales.

La intervención militar de casi nueve años de Estados Uhidos en Irak, por su parte, llegó a su fin con la salida de los últimos soldados estadounidenses. El conflicto causó la muerte de 4.500 estadounidenses y 110.000 iraquíes, dividió a los norteamericanos, enfureció a la opinión pública internacional y costó más de 800.000 millones de dólares. Lo que quedó fue una frágil democracia y un potencial de más violencia, resaltado por un ataque con explosivos en diciembre que mató a más de 21 peregrinos chiítas.

En Afganistán, la guerra prosiguió y más de 500 soldados extranjeros, casi 400 de ellos estadounidenses, murieron combatiendo al Talibán en el 2011.

Osama bin Laden, autor intelectual de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos, fue muerto por comandos especiales de la armada estadounidense que descendieron en helicópteros en la casa en Pakistán en la que había estado viviendo.

Marzo del 2011 vio el terremoto más fuerte jamás registrado en Japón causar un tsunami que azotó la costa oriental del país, dejando 19.334 muertos o desaparecidos, de acuerdo a un conteo oficial, y causando daños estimados en casi 220.000 millones de dólares.

En la planta nuclear de Fukushima Dai-ichi, tres reactores se averiaron seriamente y el equivalente a una quinta parte de la radiación de Chernobil se escapó al aire, el agua y el suelo vecinos. Los derrames han disminuido considerablemente desde entonces, pero una zona de 20 kilómetros alrededor de la planta es de acceso prohibido y casi 100.000 residentes que huyeron de sus casas han quedado en el limbo, si saber siquiera si podrán regresar alguna vez.