Por Esther Cepeda,
The Washington Post
El verano pasado, una parodia de Comedy Central sobre los avances profesionales de los educadores estrellas se volvió viral.
Locutores al estilo de los presentadores de deportes reportaron, jugada por jugada, las ofertas de salarios multimillonarios para maestros de alto rendimiento y astronómicos incentivos en efectivo por resultados de exámenes casi perfectos, acompañados de carteles en la pantalla, que comparaban los resultados de los SAT de escuelas rivales, en redacción, lectura y matemática, así como también cobertura de la ficticia “Conscripción de Maestros” de 2015.
“Ojalá pudiéramos tratar a nuestros maestros como estrellas del deporte,” se comentó en los medios sociales.
Pero los arquetipos de maestros “estrellas”, “héroes” y “salvadores” circulan—y, sin embargo, no ayudan al estado de la pedagogía ni a los estudiantes que más necesitan maestros excelentes.
Dejando de lado a los personajes de películas que a menudo glorifican o idealizan excesivamente la realidad del aula—“Stand and Deliver”, “Dead Poet’s Society”, “Dangeroues Minds”, “Freedom Writers”, “Mr. Holland’s Opus”, la lista se extiende más y más—los medios también alimentan la llama de la fantasía pedagógica.
A comienzos del mes pasado, circuló una historia sobre Anthony Yom, un maestro de California que impulsó a un estudiante a convertirse en uno de los 12 individuos en el mundo en obtener un puntaje perfecto en el examen Advanced Placement (AP) de Cálculo.
Es una historia maravillosa. Felicitaciones para Yom, un matemático y maestro sumamente talentoso.
Pero, cabe señalar que los titulares no ayudaron. Uno decía: “‘Un tipo promedio’ se destaca en enseñar Cálculo AP a sus estudiantes.” Otro expresaba: “Conozcan a una de las estrellas de Estados Unidos en matemáticas para la secundaria.” Y “Maestro de LA Este, superestrella de Cálculo, adjudica su éxito al amor por la enseñanza.”
OK, permítanme comenzar por lo siguiente: Yom, quien se considera admirador de la película “Stand and Deliver”, enseña Cálculo APDe ninguna manera pretendo minimizar el logro de Yom, pero comprendamos que esa clase, por definición, va dirigida a la crema de la crema de la secundaria. Los alumnos más preparados.
El papel de Yom en sí mismo es una anomalía—sólo el 60 por ciento de las secundarias de los Estados Unidos participan en el programa AP, que permite a los estudiantes obtener créditos universitarios después de pasar exámenes de cada materia. Y un porcentaje menor de esas escuelas ofrece Cálculo AP—ya sea porque la inscripción de estudiantes es baja en ese curso o porque es difícil encontrar profesores calificados. Y esas inquietudes se amplifican en muchas escuelas, como aquellas de comunidades rurales.
¿Es realmente justo colocar a Yom en el mismo grupo de los profesores habituales de matemáticas de secundaria, que enseñan cursos de pre-Álgebra o Álgebra I, en escuelas de bajos ingresos en que algunos alumnos llegan al primer año sin conocimientos de aritmética básicos?
Y después está toda esa narrativa de amor-y-dedicación que irrita a algunos educadores.
Ray Salazar, profesor de secundaria de Inglés en el sistema de educación pública de Chicago, que escribe un blog titulado “The White Rhino”, dijo que admiraba el éxito de Yom, pero no así los comentarios de periodistas que pasan por alto los detalles de cómo asegurar el éxito de los estudiantes.
Refiriéndose a una columna de Los Angeles Times sobre Yom, Salazar expresó:
“El artículo del LA Times que presenta la reseña de un maestro alienta la mentalidad de que los buenos maestros disfrutan del trabajo incesante y los sacrificios personales para el éxito final de los estudiantes. El artículo de [Steve] Lopez alienta a que la gente piense: ‘Necesitamos más maestros como ése.’
“Y lo que es más importante, la reseña de Lopez lleva a los lectores equivocadamente a pensar que ‘el amor es la receta’ para lograr el éxito de los estudiantes. No lo es. … El amor no es la receta; en cambio, la dedicación a una instrucción de alta calidad lo esComo resultado de ello se crean sólidas relaciones profesionales maestro-estudiante.”
La semana pasada, el New Teacher Center, una organización sin fines de lucro nacional que se aboca a mejorar el aprendizaje de los alumnos, dio a conocer los resultados del estudio, en 50 estados, de normas para la iniciación y orientación de nuevos educadores. Halló que sólo cuatro estados (Connecticut, Delaware, Iowa y Hawaii) proporcionan y financian un sistema de alta calidad de apoyo a nuevos educadores y el resto, no proporciona suficiente orientación y apoyo a maestros y directores en el inicio de sus carreras.
“Los estados deben asegurar que el apoyo inicial para los educadores que se inician sea integral,” dijo Richard Ingersoll, profesor de educación y sociología de la Universidad de Pennsylvania, en el comunicado de prensa del informe. “Los programas con orientación limitada de duración insuficiente no logran el impacto deseado en la instrucción en el aula y los resultados de los estudiantes.”
El amor es algo magnífico, pero lo que realmente se necesita es una excelente preparación de los maestros, tanto en el contenido de su materia como en la disciplina del aula y el apoyo de la escuela para que los maestros tengan éxito a largo plazo.
Hasta que ésa sea la norma, los maestros “estrellas” continuarán captando nuestra imaginación y distrayéndonos del cambio real. Una vez que podamos deshacernos del mito del maestro “salvador” podemos dedicarnos a crear maestros de alto rendimiento en forma sistemática.
