Ataque contra Wall Street

Reflexiones

La Raza del Noroeste

La fotografía de nuestra primera plana es impactante, por decir lo menos; la noticia que publicamos esta semana sobre el movimiento “Ocupemos Seattle”, tiene tonos dramáticos.

Por supuesto, la ciudad donde vivimos ahora no es la única donde estas cosas están pasando; el movimiento nacional de protesta en contra de una estructura financiera poderosa, avara y desconsiderada, parece estar creciendo por todas partes.

Es un movimiento ante todo curioso, no muy claro en sus objetivos específicos ni en su liderazgo, sin propuestas claras de qué hacer y cómo hacerlo, para cambiar la situación, o la estructura, de la economía mundial actual.

La nota que publicamos se centra en algo siempre grave y doloroso, los choques con la fuerza del orden público alrededor de protestas que inician con intenciones pacíficas; es un tema difícil de analizar con seriedad, en particular si no se estuvo presente en los hechos.

Pero lo que hay detrás de estas protestas es mayor en impacto y podría convertirse casi en histórico.

El movimiento “Ocupemos Wall Street” no es organizado ni planeado, es espontáneo, no tiene líderes visibles ni entrenadores, ni entrenados.

Es un movimiento de gentes del común que están cansados de escuchar sobre pagos millonarios y bonos a banqueros mientras el 10 por ciento de la población del país está desempleada, y de todo lo que conecta con esta paradoja.

Posiblemente no sea un movimiento que conduzca a un destino concreto, pero es realmente el ataque más serio que ha recibido el orden financiero mundial, por lo menos en los últimos cincuenta años, y curiosamente no viene de países poderosos, guerras ni grupos terroristas. Viene de gente normal, cansada de vivir con dificultades viendo como otros se ríen desde torres de cristal.

Cuando las sociedades llegan a un grado tal de inconformismo el orden mundial comienza a cambiar, de manera pacífica o no, de manera que se puede decir, existe una esperanza, para que comience a disminuir, o por lo menos no aumentar más la enorme desventaja económica de las clases menos favorecidas contra los bancos y sus círculos de poder.