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Unos 25 hombres personificando a “Jesús”, decenas a “Judas” y unos 600 “judíos” escenificaron en esta ciudad del este de Nicaragua, una pintoresca pero a la vez brutal tradición local inspirada en las enseñanzas religiosas de la Pasión de Cristo, que la iglesia Católica no avala.
Los personas que representan a Jesús y Judas en la procesión suelen terminar golpeadas, raspadas y hasta heridas porque otros feligreses que actúan de “Judíos”, y suelen estar bebidos, los encadenan y arrastran por el pavimento.
Jadeante y visiblemente adolorido, después de caer por los empellones que recibía, Jairo Tapia, uno de los penitentes que representaba a Jesús, dijo a la AP: “esto es nada, me falta la crucifixión” que se simula frente a la iglesia de El Calvario y los hombres son amarrados de pies y manos en sus respectivas cruces.
Tapia, de 33 años, de profesión ebanista, quien sangraba de la frente por las pinchaduras de la corona de espinas de bungambilia que fabricó para la representación, dijo que prometió hacer el papel de Cristo si Dios le permitía ver a su madre, Juana Mercedes Méndez, quien emigró hace 15 años para trabajar como empleadas doméstica en Palm Beach, Florida, Estados Unidos.
“Dios me permitió volver a verla. Ahora los golpes no me duelen”, aseguró Tapia, cuyas rodillas también sangraban por haber caído varias veces en el pavimento.
Manuel Díaz actuaba como judío en la procesión y golpeaba a Tapia con los puños mientras gritaba: “tenés que morir”. A pesar de que son vecinos, Díaz dijo que Tapia le pidió que fuera rudo con él cuando decidieron participar en el recorrido.
Los que personifican a Judas también viven su propio suplicio, porque con cadenas amarradas a sus cinturas, son arrastrados por los “judíos” vestidos con faldas, enmascarados y coronados por gorros multicolores con flecos y penacho.
Juan José Guevara Canales, de 24 años, quien actuaba de judío, dijo que lo hacía “por católico y por diversión”. Su hijo de 9 años, Ezequiel José, hizo de Judas y fue jalado por unos 20 judíos, incluido su padre.
“Me gusta hacer esto”, dijo. Adultos y niños de ambos sexos de todas las edades se involucran en estos actos y así se garantiza que la tradición pase a las siguientes generaciones.
La Iglesia Católica no interviene en las celebraciones. En la puerta de la parroquia de la ciudad una mujer de vestido blanco, pelo blanco y chal negro impedía que los “judíos” y “Judas” penetraran al templo. “Respeten la iglesia”, les insistía.
Otro Jesús, Luis Esteban Gutiérrez, que corrió unos 100 metros rodeados de judíos que lo atacaban a latigazos y cadenazos dijo que pagaba una promesa porque se salvó de quedar parapléjico después de un accidente de tránsito en el que sufrió varias fracturas.
El espectáculo arranca en la iglesia del barrio Veracruz y recorre las calles de la ciudad, el cual presencian miles de personas, y concluye con la crucifixión de los “Cristos” participantes y el regreso a la misma iglesia distante a unas 20 cuadras del Calvario.
Al final Cristos, Judas y Judíos se reúnen en la Iglesia de Veracruz para una comelona y más licor.
El historiador de la ciudad Mario Tapia dice que la tradición se remonta a finales del siglo XIX o inicios del XX.
La cantidad de Cristos que participan en la representación depende de la cantidad de personas que por uno u otro motivo pagan una promesa por un milagro cumplido, de lo que depende también la participación de los Judas. De “judíos” puede hacer quien quiera.
